viernes, 20 de marzo de 2015

(D.F. 40) FIN DE LA CAZA



A medida que fueron pasando las horas, la esperanza de capturar con vida a los fugitivos se fue disipando y los vigilantes que Roca puso en las pocas salidas abiertas de las alcantarillas, se pusieron cada vez más nerviosos, la luz del día se les hacía insoportable y la lluvia acida les corroía las gruesas ropas con las que trataban de protegerse. Roca estuvo tentado de enviarles aviso para que dejaran ya su guardia y despejaran las salidas por las que otras alimañas de las que alimentarse pudieran salir del subsuelo de las ruinas; pero cada vez que lo sugería, Lilith, que había demostrado tener mucho más liderazgo que él, le hacía desistir. También habían puesto vigilancia cerca del río por si aparecía algún rastro de cadáveres semidevorados o lago parecido, sin embargo divisaron algo bien distinto. Primero fue el sonido de un motor lo que les llamó la atención, por un momento creyeron que era alguna extraña y terrible criatura, apunto estuvieron de salir corriendo, hasta que uno de ellos vio la embarcación surcando las cenagosas y pestilentes aguas río abajo. Corrieron a toda velocidad para alertar a su jefe. Pero cuando este llegó con más hombres, la embarcación ya había desaparecido. Siguieron la orilla del río adentrándose en territorio “enemigo”, por suerte los mutantes de aquella zona al igual que ellos normalmente, solo salían durante la noche. Una vez en las cercanías del mar, en lo alto de lo que antaño fuera uno de los edificios más altos de la ciudad, pudieron divisar a lo lejos lo que creyeron debía ser la embarcación ya muy lejos, mar adentro y en la orilla del río contraria a la de ellos, claro que también podía ser un pez grande y moribundo asediado por las hambrientas gaviotas que volaban a su alrededor tratando de devorarlo, entonces de aquel bulto lejano, empezó a salir humo confirmando así las sospechas de los mutantes. Ahora sí que podían dar por finalizada la caza. Se apresuraron en regresar a su zona y buscar un lugar seguro donde descansar esperando la llegada de la noche. Al regresar por fin a su hogar y contarle a Lilith lo ocurrido, para su sorpresa ella les dijo que si en aquella embarcación iban los fugitivos, tenían que haber salido de alguna parte. Durante los días siguientes la mujer mutante, obsesionada con los prisioneros escapados, hizo regresar a Roca y a otros mutantes al interior de las alcantarillas para registrarlas, en busca de más humanos “normales”, pero aquella fue una empresa infructuosa para los mutantes, algunos murieron víctimas de las alimañas que allí encontraron y apunto estuvieron de sufrir una rebelión en sus filas, por suerte el aprovechar la exploración para cazar algunos animales de más, apaciguó los ánimos de los supervivientes. Les fue imposible encontrar alguna de las entradas al refugio de las alcantarillas donde ahora habitaban María, Roma y su hija Pétalo, ni tan siquiera vieron las pequeñas cámaras por las que eran observados, por los tres habitantes del refugio. 
 Aún les quedaban los objetos que les habían sustraído a los que fueran sus prisioneros, latas de comida, las telas impermeables de la tienda, y sobretodo las armas, largos y afilados cuchillos de brillante filo y aquellas extrañas armas de fuego que no tardarían en aprender a utilizar, tanto para cazar, como para hacerles frente a sus enemigos de otras zonas, aunque las municiones eran muy limitadas y más de la mitad las llegaron a desperdiciar durante el aprendizaje. En unos meses, todo volvería a la relativa normalidad, la comida enlatada apenas les duro unas horas, las municiones unos pocos días y en algunas semanas los cuchillos estarían tan oxidados como el resto de herramientas que solían usar.

 Jotacé.

2 comentarios:

  1. Lilith parece un personaje interesante...para temer.

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  2. Si, es la que mueve los hilos entre los mutantes y no le importa sacrificar a quien sea para salirse con la suya.

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