viernes, 27 de marzo de 2015

(D.F. 41) ALCANZANDO EL OBJETIVO



Los trajes de supervivencia evitaron que les llegara el pestilente olor desprendido por las aguas de aquel río, infestado de criaturas que se alimentaban de la podredumbre que lo cubría, también evitaban a los molestos insectos voladores, compañeros inseparables en su travesía río abajo. Pero a medida se acercaban al mar, eran aquellas enormes y desgarbadas gaviotas mutantes, las que buscaban en ellos el alimento perfecto, en un principio pudieron hacerles frente con sus armas convencionales, pero una vez en el mar, aquellas aves se convirtieron en incordio imposible de echar de allí, por cada una que abatían, aparecían otras cinco. Ya mar adentro, Cesar y Adrián, sacaron los botes de humo con los que finalmente consiguieron echarlas de allí. La travesía duro un par de interminables horas. La embarcación se adentró en la parte de la ciudad inundada; una zona antaño residencial, con grandes chalets de lujo, para albergar a las clases más privilegiadas, pero ahora medio inundadas por el mar, en ruinas, con aquellas especies de algas gris verdoso cubriéndolas casi en su totalidad, en su interior podían ver el movimiento de algunas especies anfibias, que se habían adaptado a las nuevas condiciones de aquel mundo devastado.
 Cuando el barco por fin tocó tierra, decidieron atarlo a una antigua señal de tráfico, por si se veían obligados a huir de la misma manera de la que habían llegado. Al bajar de la embarcación, el agua les llegaba por debajo de las rodillas y decidieron alejarse lo más rápido que pudieron de allí, para evitar así un mal encuentro, pronto llegaron a una zona alta y seca. Casandra, sacó el mapa de la mochila de Cesar y después de dar unas cuantas vueltas, siempre alerta, encontraron la casa que antaño perteneciera a la familia de Arturo. Por el tamaño de aquellas ruinas era evidente que fueron muy poderosos. 
 Buscaron el acceso al búnker en el interior del sótano y accedieron gracias a la contraseña que en su momento les dio Arturo. Siguieron las medidas de seguridad pertinentes, para poder acceder, sin embargo en el interior, el aire a pesar de estar totalmente descontaminado, destilaba un penetrante olor, mezcla tanto de excrementos, como de podredumbre, adentrándose en las fosas nasales de los visitantes, la cual cosa les hizo recolocarse nuevamente sus trajes de supervivencia y evidentemente sus máscaras. 
 El refugio era inmenso y a pesar del desorden y la suciedad reinantes allí dentro, se podía ver que imitaba el lujo que en su día había caracterizado a la vivienda del exterior. 
 ─ ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien aquí dentro?! ─ gritó Cesar.
 ─ ¡¿Arturo, estás aquí?! ─ preguntó Julia esperanzada.
 Nadie respondió a las llamadas de los expedicionarios. 
 ─ Esto es inmenso, será mejor que nos dividamos para explorarlo ─ sugirió Casandra.
 Así lo hicieron, dividiéndose en parejas, Cesar y Julia por un lado y Casandra y Adrián por otro. Casandra, con más experiencia que Adrián y que además conocía a Arturo, abría la marcha, por si el que fuera uno de sus compañeros en la expedición, hubiese logrado llegar allí antes que ellos. Al abrir lo que parecía la puerta de uno de los dormitorios, vio un bulto tumbado en una cama y tapado por una sábana.
 ─ ¿Arturo eres tú? ¿Eres su hermana? ─ preguntó acercándose despacio a la figura que les daba la espalda. ─ Hemos venido a buscarte. Nos envía Arturo.
 El cuerpo permaneció inmóvil y silencioso, Casandra le dio la vuelta para encontrarse con la horrible visión de un rostro momificado y desfigurado por la muerte. Un grito proveniente de otra estancia la sobresaltó todavía más, Casandra y Adrián salieron corriendo de la habitación, hacia lo que parecían los gritos de Julia pidiendo ayuda en otra estancia.

Jotacé.

2 comentarios:

  1. Muy cinematográfico y también muy de comics.
    Que suspenso tiene la historia. Dan ganas de seguir leyendo. Habrá que esperar el próximo capítulo.

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  2. Ahora lo estoy publicando desde el principio en una web llamada fantobook.

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