viernes, 10 de abril de 2015

(D.F.43) UN POCO DE ORDEN







Julia se ocupaba tanto del herido como del prisionero, que atado como estaba se limitaba a echar espumarajos por la boca, insultando e increpando a los que consideraba ladrones e invasores, ni tan siquiera se había dejado vestir para cubrir sus vergüenzas, sino se calmaba, sería un problema para ellos llevarlo de vuelta a la ciudad subterránea, donde los especialistas se ocuparan de su trastorno. 
Casandra, continuó con su exploración de aquel inmenso refugio, recogiendo, ordenando y limpiando aquel desorden dejado por Arturo en los años de soledad, acostumbrado como estaba desde niño a que un criado o una asistenta vinieran a hacerle la limpieza. Por lo que les contó a Julia, antes que todo se desmoronara, sus padres se fueron a recorrer el mundo dejándolos a él y a su hermana al cargo de un tutor. Aquel hombre fue una de las víctimas del gran primer cataclismo que desembocó en aquel mundo de pesadilla y Arturo, junto a su hermana pequeña, corrieron a esconderse allí dentro, tal y como les habían enseñado sus progenitores, esperando a que regresaran a buscarles, cosa que nunca ocurrió. 
Adrián se ocupó de revisar los generadores ya un tanto maltrechos por la falta de revisión y mantenimiento, razón por la cual las luces parpadearan constantemente y el aire estaba un poco enrarecido, en su propio refugio Adrián se convirtió en un experto en ese tipo de menesteres. 
Cuando Casandra entró en el dormitorio donde permanecía el cadáver momificado y empezó a ordenar allí dentro, encontró varias libretas de hojas un poco acartonadas y amarillentas, con el nombre de una mujer Miriam; el tiempo se le pasó rápido leyendo el contenido de las mismas, hasta que apareció Julia, buscándola para la cena. 
─ ¿Qué haces? ─ preguntó la mujer intrigada. 
─ Mira lo que he encontrado. Tal vez esto nos aclare un poco más quienes son Arturo y su hermana. La última libreta databa de unos seis meses atrás. ─ supongo que sí, pero ahora será mejor que bajemos abajo, la cena está lista. 
 Cenaron en la misma estancia donde estaba Cesar acostado, hablaron de las libretas y acordaron hacer guardias durante aquellas horas de descanso, por si surgían problemas con Arturo. Poco más tarde se acomodaron en aquella habitación menos uno de ellos que pasaría la noche junto a la puerta del prisionero. Casandra hizo la primera guardia, llevándose los cuadernos con ella para revisarlos durante aquellas horas que permanecería en vela. El primero de aquellos diarios pertenecían a 20 años atrás y Miriam apenas tenía doce o trece años, cuando se vio obligada a aquel encierro obligatorio con su hermano Arturo de casi diecinueve años. 
 “Nuestro tutor, preocupado por su familia nos ha dejado solos en el refugio, dice que regresará con su familia. Aquí hay sitio para todos o al menos eso es lo que dice él, pero Arturo no está de acuerdo, dice que lo único que quiere es quedarse con la fortuna de nuestra familia, aprovechando la ausencia de nuestros padres.” Casandra se quedó petrificada, el mundo que conocían se estaba desmoronando a su alrededor y aquel monstruo solo pensaba en el dinero. Fascinada por lo que decían los diarios siguió leyendo, saltándose las partes aparecían más repetitivas. 

Jotacé.

2 comentarios:

  1. ¿A que se debe la locura de Arturo? Cuando estuvo en la ciudad subterranea, tuvo opiniones polémicas pero se portó con cordura. Cuando los dejó a su suerte, no fue violento. Y al regreso al refugio, encontró a alguien.
    ¿Que fue lo que pasó en el medio?

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  2. Todo a su debido tiemo, en los dos próximos capítulos vendrán algunas de las esperadas respuestas.

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