viernes, 1 de mayo de 2015

(D. F. 46) LA VERSIÓN DE ARTURO


La enloquecida mente de Arturo nunca llegó a aceptar la muerte de su hermana Miriam y durante algún tiempo siguió actuando como si ella siguiera viva, en realidad había poca diferencia, la muchacha se comportaba como una estuviera muerta antes del suicidio. Para Arturo ella una especie de juguete para sus caprichos sexuales y poco parecía importarle la actitud excesivamente pasiva de su hermana. Un día reacciono y decidió salir de allí, para ver si el mundo exterior había vuelto a la normalidad. Tal vez encontrara a otra mujer capaz de satisfacerle mejor que Miriam, pero se encontró con que el mundo nunca volvería a ser el mismo, sus nuevos habitantes ahora eran mutantes ávidos de sangre. Por suerte para él, encontró aquella ciudad subterránea o mejor dicho, sus habitantes le encontraron a él cuando ya se daba por perdido.
Allí habían renunciado a las viejas creencias, adoptaron nuevas costumbres más igualitarias y querían hacerle trabajar, algo que él nunca había hecho, acostumbrado desde siempre a tener todos los caprichos a su disposición. Pensó en la forma de recuperar la fortuna guardada en su refugio, así las cosas volverían a ser como debían y en aquella ciudad terminarían postrándose a sus pies, pero si les contaba la verdad de sus intenciones a los habitantes de la ciudad, nunca le seguirían y si lo hacían sería para robarle, entonces para convencerles, volvió a acordarse de Miriam a la que había abandonado en el refugio, ni siquiera recordaba que llevaba tiempo muerta, solo fue consciente de aquel hecho cuando tras abandonar a sus compañeros a su suerte consiguió por fin regresar al refugio y encontrarla allí inerte en la cama, tal y como la dejó. Enloqueció del todo, limitándose a vivir como un auténtico animal. Días después la compuerta del refugio volvió a abrirse, los mutantes lo habían encontrado, aterrado cogió lo primero que encontró como arma, un afilado cuchillo de la cocina y se escondió, entonces escucho voces conocidas llamándole, eran Julia y sus compañeros de aventuras. ¿Cómo habrían logrado huir? Seguro que querían robarle su dinero para convertirse en los amos de la ciudad o peor aún, podía ser que hubieran pactado con los mutantes y ahora venían a entregarlo a él también, sea como fuera, tenía que impedir que se salieran con la suya. Escondido en una de las habitaciones cuando Cesar entró seguido por Julia le clavo el cuchillo y lo mismo estaba apunto de hacer con ella cuando fue reducido por Casandra y un desconocido que al principio confundió con Pablo. A pesar de su resistencia, lograron atarlo y encerrarlo. Durante un rato gritó y forcejeó, pero lo único que logro fue que lo amordazaran. Finalmente a pesar de la impotencia y la rabia que le hervía por dentro, se calmó y empezó a pensar como salir de allí, vio un trozo de cristal roto en el suelo, se arrastró como pudo hasta allí, se dio media vuelta como pudo y tanteando logró cogerlo; se cortó las manos y sintió el dolor y la sangre saliendo de sus dedos, pero lo importante era conseguir liberarse, salir de allí y evitar que sus captores se salieran con la suya. Casi tenía las ligaduras cortadas cuando la puerta se abrió, era Julia; lloraba y llevaba un cuaderno en la mano, entonces le vino en un flas un lejano recuerdo, el de su propia hermana escribiendo en una libreta similar a esa. 
 ─ ¿Como pudiste tratar así a tu propia hermana? ─ le recriminó aquella mujer con ira mientras él la miraba con ojos desorbitados 
─ ¿Qué te hizo convertirte en un monstruo? En la ciudad no eras así yo… yo…
 Julia se echó a llorar sin ser consciente del leve tirón con el que Arturo había logrado cortar sus ataduras. 
 ─ Después de esto no se si merece la pena que te llevemos de vuelta a la ciudad ─ consiguió decir la mujer antes de darse media vuelta con la intención de salir de la habitación.
 Arturo se incorporó, abalanzándose sobre Julia antes de que llegara a la puerta, la mujer calló al suelo golpeándose la cabeza contra una pequeña mesa y perdiendo el conocimiento. El se soltó las ligaduras de los pies, se los masajeó un poco y se incorporó. ─ ¡No… no dejaré que os llevéis mi dinero! ─ le dijo en tono amenazante a Julia tras quitarse la mordaza de la boca.

 Jotacé.

3 comentarios:

  1. No me agradaba su actitud en la ciudad, pero resultó ser un personaje nefasto. Más de lo que las circunstancias nefastas podrían justificar.
    Y amenazar a Julia, que lo había tratado tan bien...
    La mutante Roma resultó ser heroica, no transformandose en un monstruo, a pesar de las circunstancias.
    Muy bien escrito.

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    1. Gracias Demiurgo, aunque ya tengo escrita la conclusión, esta historia no sería la que es sin tus comentarios que me han servido de ayuda.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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