viernes, 22 de mayo de 2015

(D.F. 49) SAQUÉO AL REFUGIO


Los mutantes entraron en masa en el refugio registrando hasta el último rincón. Arturo se dio una ducha descontaminante y se puso su traje de superviviente, siempre eso si vigilado por dos mutantes. Agarró una bolsa, fue a la caja fuerte, seguido por sus dos guardaespaldas, cruzándose en el camino con otros tantos mutantes que buscaban a los otros supervivientes, los cuales debían haberse escondido en algún lugar al verse descubiertos. Llenó la bolsa con el dinero y la cerró celosamente, para dirigirse nuevamente a la salida, pero sus guardianes le impidieron salir hasta que apareciera su líder, la espera le fue interminable.
 ─ ¿A dónde se supone que vas?─ le preguntó el líder cuando por fin apareció.
 ─ A la salida, ya tenéis lo que queríais.
 ─ No, no lo tenemos, aquí no hay nadie más.
 ─ ¡Claro que sí! ¡Buscad bien, están escondidos en alguna parte, seguro!
 ─ Hay muchas cosas interesantes, pero nadie como tú, al menos vivo. ¿Qué llevas en esa bolsa?
 Arturo agarró fuertemente la bolsa con las dos manos 
 ─ Son cosas mías, ellos me lo querían robar, pero es mío.
 Los dos mutantes que lo habían estado siguiendo lo agarraron por los brazos y el líder mutante le arrebató la bolsa y la abrió para ver en su interior los fajos de billetes.
 ─ ¿Qué es eso? ─ preguntó un mutante más joven.
 ─ Es dinero ─ dijo otro.
 ─ ¿El qué? 
─ preguntó perplejo un tercero.
 ─ Podéis quedároslo, el dinero y a mis compañeros, pero dejadme marchar ─ dijo Arturo cada vez más aterrorizado.
 ─ Eso solo es papel, irá bien para encender un buen fuego con el que cocinar a nuestra presa ─ dijo el Líder echándose a reír seguido de sus compañeros mutantes.
 ─ ¡Pe… pero teníamos un trato…! ¿Qué hay de los otros?
 ─ Solo hemos encontrado una momia incomestible y a ti. ¡Quítate esa ropa que te has puesto!
 ─ ¡No! ─ contestó Arturo desafiante.
 El líder mutante sonrió, sus compañeros empezaron a desnudarlo rompiendo salvajemente el traje protector de Arturo. Cogieron todo lo que pudiera resultarles de utilidad y salieron de allí llevándolo a él en volandas. Caminando desnudo, con los brazos cruzados y temblando en una mezcla de frío y terror, atusado por los mutantes, Arturo se sabía perdido y sin escapatoria. ¿Qué habría sido de sus compañeros, habían conseguido esconderse o realmente se habían marchado? En cualquier caso, después de todo nadie volvería a buscarle. En ese momento fue realmente consciente de la locura cometida desde el principio y si existía un Dios, probablemente sería despiadado con él.
 Se escuchó un fuerte estruendo y la comitiva se detuvo atónita, sin saber muy bien de donde provenía. Otro estruendo similar y gritos de terror, la mayoría de los mutantes salieron corriendo aterrorizados. Nadie sabía de donde venían los disparos. Arturo se arrodilló aturdido, a pesar de su traición sus compañeros se habían apiadado de él y otra vez habían decidido que su vida valía la pena.
 ─ ¡Sabía que todo esto era una trampa! ¡Lo sabía! ─ dijo el líder furioso.
 Sacó el cuchillo con el que Arturo apuñalara a Cesar de alguna parte de sus harapos, agarró a Arturo de los pelos y se dispuso a degollarlo allí mismo, pero un disparo lo hizo caer al suelo muerto. Arturo miró al lugar del que provino el disparo, el mismo por el que con asombro, veía acercarse a sus salvadores.

 Jotacé.

2 comentarios:

  1. Por fin se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
    Es de destacar la actitud de rescatarlo, a pesar de todo.
    Tu relato no tiene altibajos.

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    1. Gracias Demiurgo. Aunque casi es el final, puede que aún guarde alguna que otra sorpresa.

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