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lunes, 26 de enero de 2009
domingo, 18 de enero de 2009
EL AGUA TEÑIDA DE ROJO
EL AGUA TEÑIDA DE ROJO SE ESCURRIÓ POR EL DESAGÜE… Alfonso, se miró las manos limpias de sangre, se las secó con el destartalado aparato del aire y salió del pestilente lavabo.
El bar, era un pequeño local grasiento y cochambroso. Estaba casi vacío, a excepción del dueño y de tres amigos tomándose unas cervezas al otro lado de la barra mientras reían estrepitosamente. El pidió un whiskey doble con hielo.
La puerta se abrió dejando entrar el sofocante aire caliente de la calle, una mujer joven y atractiva se quedó un momento allí plantada, dudando si entrar o no y atrayendo por un momento las miradas de los parroquianos, finalmente se decidió, fue hasta la barra a medio metro de donde estaba Alfonso. Mientras el camarero le servía un refresco, ella busco algo en el interior de su bolso.
- Mierda. ¿Tienes un cigarro?- Le preguntó a Alfonso.
- Allí hay una maquina de tabaco.- Respondió señalando un rincón.
- No tengo cambio.
- Pues yo no…
Alfonso se quedó pensativo un momento. Luego saco una pitillera de los tejanos y se la dio a la chica.
- Gracias.- Dijo ella cogiendo un cigarrillo y haciendo ademán de devolvérsela.
- Quédatela. Yo no fumo.
Ella se quedó un momento perpleja. Miró la pitillera y se la guardó.
- ¿De quién era, de una novia despechada?
- De un amigo… Está muerto.
Ella se lo quedó mirando en silencio, sin saber como reaccionar.
- Siempre decía que lo tenía que dejar y al final fue el tabaco quién lo dejo a él.- Dijo Alfonso sonriendo
La chica lo miró seria, hasta que él estallo en una carcajada y ella le siguió.
- ¿Cómo te llamas?
- Eva ¿Y tú?
- Alfonso. Dime Eva ¿Quieres tomar una copa?
- Tú no fumas y yo no bebo alcohol. Además, ya estoy servida.- respondió Eva señalando el vaso.
- Lástima. No podré emborracharte y llevarte a la cama.
- A lo mejor te emborracho yo a ti.- Dijo Eva haciéndole señas al camarero para que le pusiera otro baso a Alfonso.
- ¿Lo de tú amigo, lo decías en serio?
- Si.- En cuanto el camarero le llenó el baso a Alfonso, este se bebió el contenido de un solo trago.- ¿Te importaría mucho dejar la botella?
El camarero se dispuso a replicar, pero Eva le puso un billete de cincuenta en la barra, haciéndole un gesto de silencio con el dedo mientras asentía con la cabeza. El camarero dejó la botella sobre la barra y cogió el billete yéndose a otro lado.
- Anda, coge la botella. Será mejor que nos sentemos en una mesa.- Le dijo Eva a Alfonso agarrándolo del brazo.
Una vez sentados. Él se sirvió otra copa y ella se encendió otro cigarrillo.
- ¿Dices en serio lo de tú amigo o te estas quedando conmigo?
Antes de contestar, Alfonso suspiró, se bebió otro trago y volvió a suspirar.
- A mi amigo lo he matado yo, esta misma noche, justo antes de venir aquí. Le he metido un navajazo en el estomago.- Dijo muy serio
- ¿Por qué fumaba?- preguntó Eva divertida.
- Por una mujer, su exnovia. Se enteró de lo que no debía y lo dejó. Pero el pobre imbécil no se dio por vencido y nos pidió a mí y a otro que le acompañáramos para ir en busca de la chica. La cosa salió mal y él yo terminamos en el cuartelillo, cosa que no le hizo ni pizca de gracia a nuestro jefe. Me mandó a mi que lo matara me dijo: “O lo matas, o os matamos a los dos”. Antes de morir, mi amigo me dio la pitillera, para que se la llevara a su ex con el mensaje de que no volvería a molestarla, pero yo he preferido dártela a ti.- Alfonso, volvió a llenar el baso y bebérselo de un trago.- Lo maté no muy lejos de aquí, detrás de unos contenedores de basura en un oscuro callejón y lo hice con esta navaja.
Alfonso, sacó su navaja automática y la abrió como si de un truco de magia se tratara. Eva se sobresaltó asustada e inmediatamente después le entró un ataque de risa, del que el se contagió.
- Anda, será mejor que nos vayamos.- Dijo Eva.
- Espera un momento.- Dijo bebiéndose la botella de un solo trago. Eva condujo a Alfonso por las oscuras callejuelas del barrio antiguo. El olor a orines y a podredumbre lo inundaban todo. En un destartalado y viejo bloque de pisos se encontraba el pequeño apartamento de Alfonso, un infecto y cochambroso cuartucho de escaso mobiliario. Eva tumbó a Alfonso en la cama y empezó a desabrocharle los botones de la camisa. El contacto de los dedos de Eva sobre su piel, le pareció extraño, le agarró las manos y se las miró. Llevaba puestos unos guantes de látex, color carne, como los de un cirujano y el corazón empezó a latirle con fuerza.
- ¿Cómo piensas matarme? Vamos, contesta. Estoy muy borracho, pero no soy tan tonto.
Ella lo miró muy seria, con los ojos inyectados en sangre.
- Pensaba que estabas más borracho. Te iba a meter en la bañera con agua tibia y cortarte las venas con tu propia navaja. ¿Cuándo lo sospechaste?
- Todo el rato, las mujeres como tú no se acercan a los tipos como yo. Eso solo pasa en las películas.- La apartó a un lado, se quitó la camisa y los zapatos, cogió de un armario otra botella de whiskey y le dio un trago.- No te preocupes, normalmente solo sirvo para intimidar a la gente y dar alguna que otra paliza de vez en cuando.- Cogió la navaja y se acercó a la chica.- Solo he matado una vez y he descubierto dos cosas, la primera que es demasiado fácil, la segunda, que yo no soy un asesino.
- Entonces, no te me acerques.- Le dijo ella amenazándolo con una pequeña pistola.
- Dale la pitillera a María, la ex de mi amigo y dame un beso, quiero saber como besa la muerte.- Ella le dio un beso en los labios.- ¿Sabes? Tengo un plato de ducha.- Dijo riéndose.- Ahora lárgate. Quiero morirme tranquilo.
Eva vio como Alfonso fue al cuarto de baño. Se metió debajo de la ducha y después de darle un buen tiento a la botella, se cortó las venas y se sentó a ver como el agua teñida de rojo se escurría por el desagüe.
Juan Carlos Fernández.
El bar, era un pequeño local grasiento y cochambroso. Estaba casi vacío, a excepción del dueño y de tres amigos tomándose unas cervezas al otro lado de la barra mientras reían estrepitosamente. El pidió un whiskey doble con hielo.
La puerta se abrió dejando entrar el sofocante aire caliente de la calle, una mujer joven y atractiva se quedó un momento allí plantada, dudando si entrar o no y atrayendo por un momento las miradas de los parroquianos, finalmente se decidió, fue hasta la barra a medio metro de donde estaba Alfonso. Mientras el camarero le servía un refresco, ella busco algo en el interior de su bolso.
- Mierda. ¿Tienes un cigarro?- Le preguntó a Alfonso.
- Allí hay una maquina de tabaco.- Respondió señalando un rincón.
- No tengo cambio.
- Pues yo no…
Alfonso se quedó pensativo un momento. Luego saco una pitillera de los tejanos y se la dio a la chica.
- Gracias.- Dijo ella cogiendo un cigarrillo y haciendo ademán de devolvérsela.
- Quédatela. Yo no fumo.
Ella se quedó un momento perpleja. Miró la pitillera y se la guardó.
- ¿De quién era, de una novia despechada?
- De un amigo… Está muerto.
Ella se lo quedó mirando en silencio, sin saber como reaccionar.
- Siempre decía que lo tenía que dejar y al final fue el tabaco quién lo dejo a él.- Dijo Alfonso sonriendo
La chica lo miró seria, hasta que él estallo en una carcajada y ella le siguió.
- ¿Cómo te llamas?
- Eva ¿Y tú?
- Alfonso. Dime Eva ¿Quieres tomar una copa?
- Tú no fumas y yo no bebo alcohol. Además, ya estoy servida.- respondió Eva señalando el vaso.
- Lástima. No podré emborracharte y llevarte a la cama.
- A lo mejor te emborracho yo a ti.- Dijo Eva haciéndole señas al camarero para que le pusiera otro baso a Alfonso.
- ¿Lo de tú amigo, lo decías en serio?
- Si.- En cuanto el camarero le llenó el baso a Alfonso, este se bebió el contenido de un solo trago.- ¿Te importaría mucho dejar la botella?
El camarero se dispuso a replicar, pero Eva le puso un billete de cincuenta en la barra, haciéndole un gesto de silencio con el dedo mientras asentía con la cabeza. El camarero dejó la botella sobre la barra y cogió el billete yéndose a otro lado.
- Anda, coge la botella. Será mejor que nos sentemos en una mesa.- Le dijo Eva a Alfonso agarrándolo del brazo.
Una vez sentados. Él se sirvió otra copa y ella se encendió otro cigarrillo.
- ¿Dices en serio lo de tú amigo o te estas quedando conmigo?
Antes de contestar, Alfonso suspiró, se bebió otro trago y volvió a suspirar.
- A mi amigo lo he matado yo, esta misma noche, justo antes de venir aquí. Le he metido un navajazo en el estomago.- Dijo muy serio
- ¿Por qué fumaba?- preguntó Eva divertida.
- Por una mujer, su exnovia. Se enteró de lo que no debía y lo dejó. Pero el pobre imbécil no se dio por vencido y nos pidió a mí y a otro que le acompañáramos para ir en busca de la chica. La cosa salió mal y él yo terminamos en el cuartelillo, cosa que no le hizo ni pizca de gracia a nuestro jefe. Me mandó a mi que lo matara me dijo: “O lo matas, o os matamos a los dos”. Antes de morir, mi amigo me dio la pitillera, para que se la llevara a su ex con el mensaje de que no volvería a molestarla, pero yo he preferido dártela a ti.- Alfonso, volvió a llenar el baso y bebérselo de un trago.- Lo maté no muy lejos de aquí, detrás de unos contenedores de basura en un oscuro callejón y lo hice con esta navaja.
Alfonso, sacó su navaja automática y la abrió como si de un truco de magia se tratara. Eva se sobresaltó asustada e inmediatamente después le entró un ataque de risa, del que el se contagió.
- Anda, será mejor que nos vayamos.- Dijo Eva.
- Espera un momento.- Dijo bebiéndose la botella de un solo trago. Eva condujo a Alfonso por las oscuras callejuelas del barrio antiguo. El olor a orines y a podredumbre lo inundaban todo. En un destartalado y viejo bloque de pisos se encontraba el pequeño apartamento de Alfonso, un infecto y cochambroso cuartucho de escaso mobiliario. Eva tumbó a Alfonso en la cama y empezó a desabrocharle los botones de la camisa. El contacto de los dedos de Eva sobre su piel, le pareció extraño, le agarró las manos y se las miró. Llevaba puestos unos guantes de látex, color carne, como los de un cirujano y el corazón empezó a latirle con fuerza.
- ¿Cómo piensas matarme? Vamos, contesta. Estoy muy borracho, pero no soy tan tonto.
Ella lo miró muy seria, con los ojos inyectados en sangre.
- Pensaba que estabas más borracho. Te iba a meter en la bañera con agua tibia y cortarte las venas con tu propia navaja. ¿Cuándo lo sospechaste?
- Todo el rato, las mujeres como tú no se acercan a los tipos como yo. Eso solo pasa en las películas.- La apartó a un lado, se quitó la camisa y los zapatos, cogió de un armario otra botella de whiskey y le dio un trago.- No te preocupes, normalmente solo sirvo para intimidar a la gente y dar alguna que otra paliza de vez en cuando.- Cogió la navaja y se acercó a la chica.- Solo he matado una vez y he descubierto dos cosas, la primera que es demasiado fácil, la segunda, que yo no soy un asesino.
- Entonces, no te me acerques.- Le dijo ella amenazándolo con una pequeña pistola.
- Dale la pitillera a María, la ex de mi amigo y dame un beso, quiero saber como besa la muerte.- Ella le dio un beso en los labios.- ¿Sabes? Tengo un plato de ducha.- Dijo riéndose.- Ahora lárgate. Quiero morirme tranquilo.
Eva vio como Alfonso fue al cuarto de baño. Se metió debajo de la ducha y después de darle un buen tiento a la botella, se cortó las venas y se sentó a ver como el agua teñida de rojo se escurría por el desagüe.
Juan Carlos Fernández.
miércoles, 14 de enero de 2009
viernes, 9 de enero de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
LA BOLA DE BILLAR
Si la jugada salía bien, Charly sería capaz de meter tres bolas en dos agujeros. Puso el taco en posición imaginando el recorrido de la bola blanca y las diversas carambolas hasta los agujeros correspondientes, sabía que le tenía que dar con la suficiente fuerza para conseguir su objetivo.
- ¡Venga tío, tira de una vez!- Dijo Raul impaciente.
Charly echó el taco hacia tras, para tomar impulso y en el preciso momento en el que la punta del taco avanzaba hacia la bola blanca, el camarero nuevo, le dio sin querer a Charly un empujón. La bola salió disparada de la mesa, dando tres botes en el suelo, antes de pasar por debajo de la mesa, entre los pies de Jota y María que se miraban muy acaramelados si ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor. La bola siguió rodando por el suelo hasta que Susana, la camarera, le dio un pisotón que la hizo caer al suelo, con una bandeja llena de cervezas y un plato con patatas bravas. Con renovado impulso, la bola fue rebotando hasta la puerta, por la que en ese momento, entraban Pepe, Carlos y Gabriel. Los tres amigos trataron de detener a la bola, que sin dejar de rebotar, cruzó la calle y apunto estuvo de provocar un accidente. Se detuvo en la acera de enfrente, por poco tiempo, ya que un anónimo transeúnte le dio sin querer una patada que la hizo rodar calle abajo. Un gato de manchas anaranjadas y blancas, que estaba en el alfeizar de una ventana, empezó a seguirla hasta que un pastor alemán, lo persiguió a él, arrastrando en su persecución a su dueña. Se acabó la acera y la bola rodó entre las ruedas de los coches hasta llegar al bordillo de la siguiente calle, donde por fin se detuvo, para ser recogida por Nieves, una guapa universitaria, que con los libros en la mano, esperaba a que el semáforo de peatones se pusiera en verde para poder seguir su camino. Cuando alzó la vista tras coger la bola, vio al otro lado de la calle a Charly, que sin aliento, también esperaba a que el semáforo cambiara. Ahí, en ese preciso instante, surgió el flechazo entre ellos y cuando Charly le invitó a una cerveza por recuperar la bola blanca, Nieves aceptó encantada, olvidando que había quedado con una amiga para repasar ciertos apuntes sobre historia del arte.
Juan Carlos Fernández
- ¡Venga tío, tira de una vez!- Dijo Raul impaciente.
Charly echó el taco hacia tras, para tomar impulso y en el preciso momento en el que la punta del taco avanzaba hacia la bola blanca, el camarero nuevo, le dio sin querer a Charly un empujón. La bola salió disparada de la mesa, dando tres botes en el suelo, antes de pasar por debajo de la mesa, entre los pies de Jota y María que se miraban muy acaramelados si ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor. La bola siguió rodando por el suelo hasta que Susana, la camarera, le dio un pisotón que la hizo caer al suelo, con una bandeja llena de cervezas y un plato con patatas bravas. Con renovado impulso, la bola fue rebotando hasta la puerta, por la que en ese momento, entraban Pepe, Carlos y Gabriel. Los tres amigos trataron de detener a la bola, que sin dejar de rebotar, cruzó la calle y apunto estuvo de provocar un accidente. Se detuvo en la acera de enfrente, por poco tiempo, ya que un anónimo transeúnte le dio sin querer una patada que la hizo rodar calle abajo. Un gato de manchas anaranjadas y blancas, que estaba en el alfeizar de una ventana, empezó a seguirla hasta que un pastor alemán, lo persiguió a él, arrastrando en su persecución a su dueña. Se acabó la acera y la bola rodó entre las ruedas de los coches hasta llegar al bordillo de la siguiente calle, donde por fin se detuvo, para ser recogida por Nieves, una guapa universitaria, que con los libros en la mano, esperaba a que el semáforo de peatones se pusiera en verde para poder seguir su camino. Cuando alzó la vista tras coger la bola, vio al otro lado de la calle a Charly, que sin aliento, también esperaba a que el semáforo cambiara. Ahí, en ese preciso instante, surgió el flechazo entre ellos y cuando Charly le invitó a una cerveza por recuperar la bola blanca, Nieves aceptó encantada, olvidando que había quedado con una amiga para repasar ciertos apuntes sobre historia del arte.
Juan Carlos Fernández
lunes, 29 de diciembre de 2008
LA VECINA DE ABAJO
LA VECINA DE ABAJO.
Apenas hacía un par de horas que Jota se había levantado de la cama, con el estomago revuelto y un leve dolor de cabeza. Su almuerzo, había consistido en una lata de sardinas en escabeche, pan semiduro del día anterior y una bolsa de patatas fritas de las que seguía dando cuentas mientras cambiaba continuamente el canal de la tele con el mando a distancia, todo esto remojado por una cerveza, que era de las pocas cosas que nunca faltaban en su nevera, casi siempre vacía.
El timbrazo de la puerta, seguido de unos contundentes golpes, logró sacar a Jota de su estupor.
- ¡Ya voy…! ¡Ya voy, joder!- Dijo levantándose perezosamente del sofá.
En el momento en que abrió la puerta, dos tipos irrumpieron en el interior de su piso, uno de ellos, le agarró con fuerza del cuello de la camisa.
- ¡¿Dónde está María?! ¡Dile que salga ahora mismo o te parto el cuello!
- ¿María? ¿Qué María?
- Vamos, no te hagas el tonto. Sabemos que vive aquí.- Dijo el otro tipo.
- Mirad tíos, no sé quienes sois y me importa una mierda, pero aquí no vive ninguna María. ¿Creéis que estaría así el piso, si viviera alguna María?
El que parecía el cabecilla de los dos, miró escéptico el caos reinante a su alrededor. Suspiró comprendiendo que Jota decía la verdad. Acto seguido, metió la mano en bolsillo interior de la americana y sacó una foto y una pitillera, que volvió a guardar en el se mismo bolsillo, después de encender un cigarrillo. Le enseñó la foto a Jota, al que seguía sujetando el otro matón.
- Fíjate bien. ¡¿Has visto a esta mujer?!
Jota achinó los ojos a causa del humo del tabaco. En la foto, había una chica muy guapa, abrazada a aquel tipo.
- Pero si es…- Dudó en contestar, pero ya era demasiado tarde, y el tipo que lo tenía agarrado lo zarandeó con fuerza.- ¡La chica del tres C.!
El de la foto, fue a la mesa de sobremesa y de entre el desorden, cogió el móvil de Jota y se lo guardó en el bolsillo, luego unas llaves.
- ¿Son estas las llaves de tu casa?
Jota asintió con la cabeza. Finalmente el hombre cogió un cuchillo de cocina, se dirigió al teléfono fijo y cortó el cable, clavó el cuchillo en el mueble donde estaba el teléfono y se dirigió a la puerta, haciéndole un gesto a su compañero para que soltara a Jota y lo siguiera.
Dejaron a Jota encerrado e incomunicado en su propio piso. Pero mientras cerraban la puerta, escuchó como el tipo que le había estado agarrando del cuello le decía al otro.
- Don Luis siempre nos dice que no nos obsesionemos por ninguna mujer y menos pudiendo tener a la fulana que queramos. Nos estamos jugando el cuello.
- Yo no quiero una fulana, quiero a María…
“¿Y qué hago yo ahora?” Pensó Jota dando vueltas de un lado a otro. Tenía un recambio de llaves, el problema es que no recordaba donde y lo más urgente era avisar a su vecina de lo que se le echaba encima, aunque le hubiera dado calabazas en más de una ocasión. Fue corriendo a su habitación. La cama seguía deshecha, así que cogió las sabanas y las anudo como pudo, después las ató a la barandilla del pequeño balcón, su vecina vivía justo en el piso de abajo, así que esa era la manera más rápida de llegar.
Justo debajo, María tomaba el sol boca abajo mientras ojeaba una revista de modas, sin percatarse del trozo de sabana que colgaba por encima de ella. Del interior de la casa salía una suave melodía de música chill-out. María sitió un extraño gemido que venía de encima de su cabeza, justo cuando estaba apunto de mirar para arriba, sonó el timbre. Se levantó y fue hacia la puerta mientras se ponía la parte de arriba del bikini y un albornoz que tenía en el interior del piso.
Jota no había sentido el timbre desde donde estaba, pero si que consiguió bajar unos centímetros más, para ver a María dirigirse a la puerta, intentó avisarla, pero ya era demasiado tarde. Todo pasó muy rápido. El matón que momentos antes había estado sujetando a Jota por el cuello abrió la puerta de golpe y María calló al suelo de culo. Miró con sorpresa y terror a sus agresores.
-¡Tú! – Dijo al que hacía unos meses había sido su pareja.
- Hola María. Te echaba mucho de menos.
- ¡Mira quién está en el balcón! - Dijo el otro, señalando a Jota, cuyos pies rozaban ya la barandilla.
- Hay que joderse.- Dijo el cabecilla dirigiéndose a Jota mientras metía la mano debajo de la americana.
Jota, al ver el gesto, pensó que el tipo estaba sacando un arma y se soltó de su improvisada cuerda. El tipo viendo caer a Jota corrió hacia él, con la pitillera que acababa de sacar del bolsillo en la mano, se asomó a la calle mientras se encendía un cigarrillo, para ver como un grupo de gente se reunía alrededor de Jota. - Será mejor que nos vayamos, ya Mandaré a alguien para que venga a recoger tus cosas.- Le dijo amenazante a María.
-¡Recuerdo que te mandé a la mierda, cuando descubrí a lo que te dedicabas!- Le Dijo ella mientras el otro matón la ayudaba a levantarse.
- Esto no es una discusión, si no quieres venir conmigo Alfonso te hará una cara nueva.- Dijo acercándose a María mientras su compañero, sacaba una navaja de un bolsillo trasero de los tejanos.
Jota podía notar el roce del hueso roto de su pierna derecha, a la vez que un intenso dolor le recorría todo el cuerpo. Los transeúntes, formaron un corro a su alrededor, preguntando qué había pasado y si se encontraba bien. “¡Que alguien llame a una ambulancia!”, “¡Haced sitio que respire!”. Decían algunos. Entonces vio entre la muchedumbre, como los dos matones salían del edificio agarrando a María de los brazos.
- ¡Esos son los que me han tirado del balcón! ¡Quieren secuestrar a mi novia!
Todo el mundo se abalanzó hacia el trío, liberando a María de sus dos captores. Mientras, un coche que esperaba en doble fila salió disparado.
- Un abogado pagó ayer la fianza de ese cerdo. Tendré que ir con cuidado, sobre todo, estando tú aquí.- Le dijo María, tres días más tarde a Jota, que estaba postrado en la cama de un hospital con la pierna escayolada.
- Creo que no, mira.- Dijo Jota subiéndole el volumen a la televisión.
La cara del exnovio de María ocupaba toda la pantalla, mientras la voz de la presentadora, decía que había muerto por un ajuste de cuentas.
Juan Carlos Fernández Fernández
Apenas hacía un par de horas que Jota se había levantado de la cama, con el estomago revuelto y un leve dolor de cabeza. Su almuerzo, había consistido en una lata de sardinas en escabeche, pan semiduro del día anterior y una bolsa de patatas fritas de las que seguía dando cuentas mientras cambiaba continuamente el canal de la tele con el mando a distancia, todo esto remojado por una cerveza, que era de las pocas cosas que nunca faltaban en su nevera, casi siempre vacía.
El timbrazo de la puerta, seguido de unos contundentes golpes, logró sacar a Jota de su estupor.
- ¡Ya voy…! ¡Ya voy, joder!- Dijo levantándose perezosamente del sofá.
En el momento en que abrió la puerta, dos tipos irrumpieron en el interior de su piso, uno de ellos, le agarró con fuerza del cuello de la camisa.
- ¡¿Dónde está María?! ¡Dile que salga ahora mismo o te parto el cuello!
- ¿María? ¿Qué María?
- Vamos, no te hagas el tonto. Sabemos que vive aquí.- Dijo el otro tipo.
- Mirad tíos, no sé quienes sois y me importa una mierda, pero aquí no vive ninguna María. ¿Creéis que estaría así el piso, si viviera alguna María?
El que parecía el cabecilla de los dos, miró escéptico el caos reinante a su alrededor. Suspiró comprendiendo que Jota decía la verdad. Acto seguido, metió la mano en bolsillo interior de la americana y sacó una foto y una pitillera, que volvió a guardar en el se mismo bolsillo, después de encender un cigarrillo. Le enseñó la foto a Jota, al que seguía sujetando el otro matón.
- Fíjate bien. ¡¿Has visto a esta mujer?!
Jota achinó los ojos a causa del humo del tabaco. En la foto, había una chica muy guapa, abrazada a aquel tipo.
- Pero si es…- Dudó en contestar, pero ya era demasiado tarde, y el tipo que lo tenía agarrado lo zarandeó con fuerza.- ¡La chica del tres C.!
El de la foto, fue a la mesa de sobremesa y de entre el desorden, cogió el móvil de Jota y se lo guardó en el bolsillo, luego unas llaves.
- ¿Son estas las llaves de tu casa?
Jota asintió con la cabeza. Finalmente el hombre cogió un cuchillo de cocina, se dirigió al teléfono fijo y cortó el cable, clavó el cuchillo en el mueble donde estaba el teléfono y se dirigió a la puerta, haciéndole un gesto a su compañero para que soltara a Jota y lo siguiera.
Dejaron a Jota encerrado e incomunicado en su propio piso. Pero mientras cerraban la puerta, escuchó como el tipo que le había estado agarrando del cuello le decía al otro.
- Don Luis siempre nos dice que no nos obsesionemos por ninguna mujer y menos pudiendo tener a la fulana que queramos. Nos estamos jugando el cuello.
- Yo no quiero una fulana, quiero a María…
“¿Y qué hago yo ahora?” Pensó Jota dando vueltas de un lado a otro. Tenía un recambio de llaves, el problema es que no recordaba donde y lo más urgente era avisar a su vecina de lo que se le echaba encima, aunque le hubiera dado calabazas en más de una ocasión. Fue corriendo a su habitación. La cama seguía deshecha, así que cogió las sabanas y las anudo como pudo, después las ató a la barandilla del pequeño balcón, su vecina vivía justo en el piso de abajo, así que esa era la manera más rápida de llegar.
Justo debajo, María tomaba el sol boca abajo mientras ojeaba una revista de modas, sin percatarse del trozo de sabana que colgaba por encima de ella. Del interior de la casa salía una suave melodía de música chill-out. María sitió un extraño gemido que venía de encima de su cabeza, justo cuando estaba apunto de mirar para arriba, sonó el timbre. Se levantó y fue hacia la puerta mientras se ponía la parte de arriba del bikini y un albornoz que tenía en el interior del piso.
Jota no había sentido el timbre desde donde estaba, pero si que consiguió bajar unos centímetros más, para ver a María dirigirse a la puerta, intentó avisarla, pero ya era demasiado tarde. Todo pasó muy rápido. El matón que momentos antes había estado sujetando a Jota por el cuello abrió la puerta de golpe y María calló al suelo de culo. Miró con sorpresa y terror a sus agresores.
-¡Tú! – Dijo al que hacía unos meses había sido su pareja.
- Hola María. Te echaba mucho de menos.
- ¡Mira quién está en el balcón! - Dijo el otro, señalando a Jota, cuyos pies rozaban ya la barandilla.
- Hay que joderse.- Dijo el cabecilla dirigiéndose a Jota mientras metía la mano debajo de la americana.
Jota, al ver el gesto, pensó que el tipo estaba sacando un arma y se soltó de su improvisada cuerda. El tipo viendo caer a Jota corrió hacia él, con la pitillera que acababa de sacar del bolsillo en la mano, se asomó a la calle mientras se encendía un cigarrillo, para ver como un grupo de gente se reunía alrededor de Jota. - Será mejor que nos vayamos, ya Mandaré a alguien para que venga a recoger tus cosas.- Le dijo amenazante a María.
-¡Recuerdo que te mandé a la mierda, cuando descubrí a lo que te dedicabas!- Le Dijo ella mientras el otro matón la ayudaba a levantarse.
- Esto no es una discusión, si no quieres venir conmigo Alfonso te hará una cara nueva.- Dijo acercándose a María mientras su compañero, sacaba una navaja de un bolsillo trasero de los tejanos.
Jota podía notar el roce del hueso roto de su pierna derecha, a la vez que un intenso dolor le recorría todo el cuerpo. Los transeúntes, formaron un corro a su alrededor, preguntando qué había pasado y si se encontraba bien. “¡Que alguien llame a una ambulancia!”, “¡Haced sitio que respire!”. Decían algunos. Entonces vio entre la muchedumbre, como los dos matones salían del edificio agarrando a María de los brazos.
- ¡Esos son los que me han tirado del balcón! ¡Quieren secuestrar a mi novia!
Todo el mundo se abalanzó hacia el trío, liberando a María de sus dos captores. Mientras, un coche que esperaba en doble fila salió disparado.
- Un abogado pagó ayer la fianza de ese cerdo. Tendré que ir con cuidado, sobre todo, estando tú aquí.- Le dijo María, tres días más tarde a Jota, que estaba postrado en la cama de un hospital con la pierna escayolada.
- Creo que no, mira.- Dijo Jota subiéndole el volumen a la televisión.
La cara del exnovio de María ocupaba toda la pantalla, mientras la voz de la presentadora, decía que había muerto por un ajuste de cuentas.
Juan Carlos Fernández Fernández
domingo, 28 de diciembre de 2008
Bien bienidos a un nuevo blog, mi blog.
Mi intención es publicar mis historias, mis ficciones. Las historias que he escrito recientemente y otras que he estado escribiendo a lo largo de estos años, incluyendo la novela la chica de Venus que intentare meterla en capítulos una vez por semana o cada dos. A los que les guste, la podrán encontrar completa tanto en bubok como en lulu.
Por cierto la caricatura fue un regalo de reyes de hace unos cuantos años y esta relacionada a mi afición a la ciencia ficción, a los cómics y a Star Wars.
Aparte de mi novela, hice un curso de guionista de comics con el dibujante y guionista Alfredo Pons y en la actualidad sigo aprendiendo en el aula de escritores.
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