sábado, 23 de enero de 2010

(R.F.05) EL CUMPLEAÑOS DE SANTI


Aquel sábado, Mónica se lo pasó en la cama. Estaba demasiado cansada para hacer nada, y después de las pesadillas de la noche anterior, en las que su exnovio aparecía de la nada para volverla a violar y las fatigas, apenas encontró fuerzas para hacerse algo de comer e irse recuperando poco a poco. Jota el vecino de arriba, también se levantó tarde, pero como decían en casa de sus padres, lo suyo era algo crónico. Sobre todo si aquel día tenía comida familiar, como era habitual los fines de semana. Por suerte, tenía una excusa perfecta para irse justo después del café y así ahorrarse los comentarios de su madre, sobre cuando iba a echarse una novia, por que no estudiaba una carrera seria, o cuando iba a encontrar un buen trabajo. La excusa que tenía, era que había quedado temprano con su amigo Paco, para ir a comprar un regalo para Santi, el cual había cumplido años aquella misma semana. En realidad Jota había quedado más tarde, pero cualquier excusa era buena para ahorrarse el calvario de comer con su familia.
Paco se presentó media hora tarde a su cita, cosa que Jota ya se esperaba, por que su mejor amigo, era un impresentable, que siempre decía que si a todo, auque luego hacía lo que le daba la gana. También era el que tenía más labia con las chicas y no le importaba estar saliendo con una chica a la hora de flirtear con otras. En ocasiones se encontró saliendo con varias chicas a la vez, la cual cosa le había llegado a ocasionar muchos problemas y quebraderos de cabeza.
Tardaron bastante en decidir lo que le iban a regalar a su amigo, con lo cual fueron tarde a buscar las pizzas y llegaron con tres cuartos de hora retraso a la casa de Santi. Santi era el más apocado de los amigos de Jota. En cierto modo lo heredó como amigo de Daniel, del cual también había heredado el pisó en el que vivía. Pero eso es una historia que contaremos en otra ocasión, centrándonos ahora en Santi, sus padres eran extremadamente religiosos, la cual cosa provocó primero que su hermana mayor se fuera de casa con su novio y sus padres renegaron de ella. Por otro lado, su hermano mayor se hizo cura y ahora daba misa en una iglesia de algún pueblo cercano. Santí, el menor de los tres hermanos, un fracasado escolar, cohibido e incapaz de iniciativa propia, con una ligera tartamudez, la única cosa que le impidió caer en el suicidio, fue su amistad con el difunto Daniel, y por supuesto con Jota.
Aquel fin de semana, sus padres se habían ido en un viaje organizado por la parroquia a Lourdes, dejando a su hijo solo.
No creo que el regalo que le hemos comprado le valla a hacer mucha gracia. — Dijo Jota mientras llamaban a la puerta.
— Que si hombre, ¿Cómo no le va a gustar?— Dijo Paco mientras se habría la puerta de la calle.
— Ya e… era hora, pen… pensaba que ya no veníais.
— Claro que sí hombre. Y traemos la cena además. — Dijo Jota alzando las pizzas mientras entraba por la puerta.
— Y también un regalito, felicidades. — Dijo Paco dándole el paquete a Santi.
— Gra… gracias tíos.
Los tres amigos entraron al interior de la casa, donde, Santi abrió su regalo y se sonrojó al ver lo que había en el interior del paquete, tres películas pornográficas.
— ¿Pe… pero, q-que es es… esto po… porn…?
— Por no aburrirte. — Concluyó Pepe.
— S… si lo descu descubren mis padres.
— Ya te las guardaré yo en mi casa, si quieres. — Dijo Jota.
Santi le pasó las películas como si tuvieran la peste.
— De desagradecidos está el mundo lleno. — Dijo Paco mirando hacia arriba con resignación. — Al menos aprovecha que no están tus padres y ponlas.
— Es que… es que… es que…
Ya las pongo yo, ir abriendo las pizzas y las birras. — Dijo Jota metiendo las películas en el aparato de DVD.
Ante las imágenes que emitía el aparato de televisión, Santi no podía evitar mover las piernas convulsivamente de un lado a otro.
— Tranquilo Santi, solo es una peli. — Dijo Paco palmeándole en la espalda.
— Anda, bebe un trago.
Santí se llevó la botella de cerveza a la boca y en ese momento sonó el teléfono. Del susto que se pegó, se derramó parte del contenido en la camiseta. Se levantó de un salto nervioso y sin saber muy bien que hacer, finalmente apagó la televisión con el mando y cogió el teléfono nervioso.
— ¿Di… diga? Ah… hola mama… No, nada. Si, claro… Si… Si… Si… No, cla-claro q…que no… vale, muy bi-bien. As… asta pronto mama.
— ¿Por qué has apagado la tele?— Pregunto Paco con cara de enfado.
— Vamos, no te pases con el chaval, que ya tiene bastante con los padres que tiene. — Dijo Jota encendiendo nuevamente la televisión.
— Tienes razón, además es su tele y su casa, que haga lo que quiera. Pero espera, se me ocurre una idea. Ya que tú te vas a quedar las pelis en tu casa, podríamos regalarle otra cosa.
— No te-tenéis que re… que re…
— ¿Qué se te ocurre Paquito?
— Vamos a llevárnoslo de putas.
— ¡¡¡Nooo!!! — Dijo Santi visiblemente asustado
— Tranquilo Santi, si no duele. — Dijo Paco riéndose.
— Además, lo dice por decir. — Dijo Jota. — Anda mira la peli y relájate un poco. Nosotros prepararemos algo de beber, ya veras como te sienta bien.
Paco y Jota fueron al bar de la casa a preparar unas cuantas bebidas, muy cargadas.
— ¡¿Por qué le has dicho que no iba en serio?! — Preguntó Paco ligeramente mosqueado.
Por que esta muy asustao. Además, nos conocemos desde hace años tú y yo, y los dos sabemos que no va a ocurrir.
— Eso ya lo veremos. — Dijo Paco cargando la copa de Santi un poco más de la cuenta con una sonrisa malévola. — ¿Qué apostamos?
— Contigo es imposible apostar nada, siempre te las ingenias para salirte con la tuya.
Los tres amigos se sentaron en el sofá a beber y a comer, viendo en la pantalla de televisión como un tipo le lamía la vagina a una chica mientras otra le hacía una felación. De pronto Paco se levantó de un salto.
— Estoy arto de ver tías en la pantalla de la tele. Salgamos a dar una vuelta y ver mujeres de verdad.
— Si, será lo mejor. Así nos dará un poco el aire.
— Ir vo… vosotros. Cr… creo que yo me voy a acostar.
— De eso nada, es tú cumpleaños y no te vamos a dejar tirado. — Dijo Jota.
— Además, si te quedas aquí, llamaremos a unas putas a domicilio y nos lo montaremos en la habitación de tus padres. — Dijo Paco sacando el móvil del bolsillo.
— Ca… cabrones, no sss… seréis capa-capaces.
— Yo no, pero Paco si. Además, a ti también conviene salir un rato. Dos horas más tarde, después de haber hecho una parada en uno de los bares de costumbre para tomar unas copas y haberse tomado unas cuantas rondas de chupitos. Paco conducía hacia la capital.
— Yo creo que la camarera te tiene echado el ojo Santi. — Dijo Paco mientras conducía con un cigarrillo en los dedos.
— T… tú crees.
— Hombre, yo no diría tanto. — Dijo Jota que iba de copiloto.
— Tú lo que pasa es que le tienes envidia.
Paco miró un momento a Jota con cara de mosqueo. En ese momento una liebre atravesó la carretera obligando a Paco a dar un brusco volantazo.
— ¡¿Habéis visto eso?! — Dijo con el corazón latiéndole a cien por hora. — ¡Era un conejo!
— ¡Joder si! Menudo susto. A otra vez intenta ir más atento a la carretera. Hemos tenido suerte de que a esta hora no pasa mucha gente.
— Yo no… yo no… yo no he vis… visto nada.
El resto del viaje lo ocuparon hablando de animales que se les había cruzado a otros parientes.
Luego ya una vez en la capital, tuvieron que dar unas cuantas vueltas hasta encontrar un sitio donde aparcar. Había que andar un rato para llegar a la zona de bares y discotecas de la ciudad.
— Mirad, allí veo un bar. — Dijo Jota señalando un letrero luminoso hacia el final de la calle.
Al acercarse al lugar, vieron como en el letrero que rezaba “Club Sueños”, se podía ver dibujado la silueta de una chica desnuda bailando en una barra.
— Eso no es un bar, es un puticlub. ¿Entramos? — Dijo Paco dirigiéndose directamente a la entrada.
— ¡¡¡Noooo!!! — Dijo Santi parándose en seco.
Jota y Paco se lo quedaron mirando un momento.
— Anda vamos ¿No ves que solo está bromeando? — Dijo Jota mientras Paco se reía de él.
Paco y Jota pasaron junto a la puerta del local, Paco de hizo ademán de entrar antes de seguir su camino, pero solo cuando los dos amigos pasaron de largo, Santi corrió hacia ellos para alcanzarlos.
Una vez en el interior de un bar y ya cada uno con su bebida en la mano, Paco pidió una ronda de tequilas.
— Yo pa… paso. — Dijo Santi.
— Ya nos has rechazado las pelis que te hemos regalado. También nos vas hacer este feo. — Dijo Paco fingiendo indignación
— Venga tío, es tú cumpleaños y tus padres están fuera. Aprovecha para desmadrarte un poco.
— Bu… bueno, pe-pe-pero sssssolo u…uno.
Después de aquella ronda, calló otra a cuenta de Jota, a la que Santi tampoco supo negarse, y después otras dos rondas más. Santi fue el único que no pago por ser su cumpleaños. Bebieron tanto que se invirtieron los papeles, ahora eran Jota y Paco los que tartamudeaban en lugar de Santi. Paco empezó a bromear con Santi sobre su cobardía por pasar enfrente del puticlub. Y empezó a exponerle de una forma que en cierto modo parecía tener cierta lógica de que ir a uno de esos sitios no tenía nada de malo. Para entonces, Jota le seguía la corriente en todo.
— Yo no tengo miedo, es que…— Empezó a explicar Santi sin su habitual tartamudeo.
— Entonces ¿A que estamos esperando? Es tú cumpleaños y ya es hora de que te desvirguen… co-cojones. — Dijo Paco ligeramente gangoso.
— ¿Tú qué dices? — Dijo Santi mirando a Jota.
— Con el peo que llevo encima, me da todo igual, ahora, tendré que pasar un momento por el cajero. — Respondió con una sonrisa risueña en el rostro.
— Cerca de aquí he visto uno. ¡Vamos! — Dijo Paco levantándose de golpe de la mesa.
El local era la típica barra americana de tonos rojos. Con un pequeño escenario con una barra donde una chica bailaba de una forma muy erótica mientras se desprendía de las pocas prendas que le cubrían el cuerpo. Por un momento Jota sintió una punzada de culpabilidad, como si le estuviera siendo infiel a su vecina, por la que se sentía atraído, pero ya con una copa en la mano y viendo el espectáculo, se le olvidó aquel molesto sentimiento y más a aun cuando tres atractivas chicas con acento de la Europa del este, se les acercaron y empezaron a insinuarse, a los tres amigos se les quitó la borrachera de golpe. Paco fue el primero en desaparecer por un pasilla que había detrás de la barra. Antes de irse, le dio una palmadita a Santi para animarlo. Mientras más evasivas le daba Santi a su chica esta más se le restregaba, palpándole el paquete, finalmente quiso decirle a Jota que quería irse, pero Jota ya estaba desapareciendo por el mismo pasillo por el que se había marchado Paco, así que terminó cediendo.
Mientras avanzaban por el pasillo, se cruzaron con un tipo alto y rubio, al que la chica parecía conocer bastante bien. Por un momento las miradas de Jota y aquel tipo, se cruzaron, como si se hubieran visto antes. La chica cruzó un par de palabras en ruso antes de seguir por el pasillo.
Iván también siguió su camino asta el bar sin darle la mayor importancia a todo aquello. “Probablemente no es la primera vez que viene ese capullo”. Pensó dirigiéndose a uno de los reservados del bar. Allí muy bien acompañados por otro par de chicas, estaban Ramón y Alfonso.
— ¿Dónde está vuestro jefe?
— Se ha ido con una de las chicas. — Dijo Ramón.
— Mejor, tengo que decirte algo que tal vez te interese. ¿Anika, Irina, os importaría acompañar a nuestro amigo Alfonso a una habitación? —Dijo Iván.
Las dos chicas se levantaron y agarrando cada una de un brazo a Alfonso, lo sacaron del reservado.
— La razón por la que os he invitado a venir aquí esta noche, es por que quería hablar contigo Ramón.
¿Oye, no serás maricón verdad?
— No digas tonterías. Ayer vi a tú novia Mónica
— ¡No puede ser, está Londres!
— ¿Cómo lo sabes? ¿Acaso la has visto allí? Por que yo si que la he visto en un pueblo de las afueras.
Ramón suspiró hondo mientras miraba fijamente a su interlocutor.
— Llévame hasta ella.
— ¡Oh! Vamos amigo, es sábado por la noche, crees que estará allí, esperándote. Piensa un poco, es mejor que esperemos a mañana por la mañana.
— ¿Y si la espero allí?
— ¿Y que harás, colarte en su casa como un vulgar ladrón? Esos días hace tiempo que pasaron. Además si vas con tu amigo Alf, ella no podrá ofrecer resistencia.
— Supongo que tienes razón.



Jota fue el primero en salir de la habitación. La chica con la que había entrado y que tanto le había querido durante los veinte minutos que permanecieron en la habitación, le dejó en la barra esperando a sus amigos mientras ella iba en busca de otro cliente del que enamorarse según ella durante otro rato. El segundo en salir, fue Paco que había pagado un poco más.
— ¿Qué, como ha ido Jota?
— De coña, lo necesitaba. Necesitaba echar un polvo más de lo que pensaba.
— Me alegro. ¿Y Santi?
— Pues no lo se… ¡Mira, ahí sale!
Santi salía cabizbajo mientras la chica con la que había entrado le daba palmaditas en la espalda.
— ¡Eh! ¿Qué ha pasado ahí dentro? — Preguntó Paco con su socarronería habitual.
¡De… dejadme en paz ¿v-vale?! — Dijo mientras se dirigía directo a la salida.
Una vez en la calle, camino del coche, fue Jota el que se acercó para preguntarle que es lo que había pasado.
— Na… nada, no ha p-pasado absolutamente na…nada. La… la chica lo ha in… intentado, p-pero yo n-no podía dejar de p-pensar que eso es… es… estaba mal.
Al principio los dos amigos intentaron reconfortarlo, diciéndole que no había echo nada malo, pero Santi se mostró agresivo.
Un silencio incomodo se impuso en el coche, hasta que dejaron a Santi en su casa.
— Lo siento por Santi colega, yo pensaba que le estábamos haciendo un favor. — Dijo Paco.
— Pues ya ves. Parece que la hemos cagado. En fin, supongo que mañana se le habrá pasado el enfado.
Los dos amigos se despidieron hasta el día siguiente.
Antes de acostarse, Jota decidió darse una ducha. La chica le había dejado con ganas de más y mientras el agua caliente le caía por el cuerpo, volvió a masturbarse recordando las recientes caricias de la prostituta.

viernes, 2 de octubre de 2009

(R.F.04) LA NOCHE NO ES PARA LOS TIMIDOS.


“…Una compuerta se abrió y el cuerpo paralizado de John entró en el interior del objeto, que dejó de proyectar su intensa luz para finalmente ascender hacia el cielo y perderse en la inmensidad del espacio.

¿Fin…?” Jota terminó de teclear con una sonrisa de satisfacción, siempre se le había dado bien inventar historias y aquella le había quedado cojonuda para el fancine que publicaba con unos amigos. Cogió el vaso y se lo llevó a los labios, pero estaba tan vacío, como la botella de whiskey. ¿Qué más daba? Saldría a celebrarlo. El problema era, que no tenía con quién. La vecina nueva apenas le había mirado aquella tarde, Donia, la chica de origen rumano con la que salió dos años atrás hacía tiempo que no daba señales de vida, esperaba que estuviera bien, la mayor parte de sus amigos estaban con sus novias o mujeres, los únicos amigos que estaban solteros eran Paco, que trabajaba en el turno de noche y Santi, que gracias a una educación estrictamente religiosa, sabía que le sería imposible sacarlo de casa aquella noche. La próxima noche, sábado, era el cumpleaños de Santi y teniendo en cuenta que sus padres estaban de vacaciones, Jota y Paco tenían planeado hacerle una fiesta que no olvidaría fácilmente. Pero aquella noche de viernes… Jota tenía algo que celebrar y lo haría aunque tuviera que salir solo. Tal vez vería algo interesante para su próxima historia.

Sonó el teléfono sacándolo de sus divagaciones.

- ¿Diga?

- Hola. Mi nombre es Arturo Pérez. ¿Dígame tiene Internet en casa?- Dijo una voz con acento argentino.

Jota colgó el teléfono un tanto desconcertado, eran las ocho y media de la noche y los vendedores argentinos de Internet, todavía trabajaban.

Apagó el ordenador y empezó a prepararse la cena, dos huebos fritos con cebolla. Luego abrió una lata de cerveza y empezó a comer mientras hacía zapping, esperando encontrar algo interesante en la televisión. Luego llamó a Santi para intentar convencerlo de salir a tomar algo, misión que resultó completamente imposible, pero no importaba, había tomado la determinación de salir y seguiría adelante. Era extraño, esa misma determinación le hizo ponerse nervioso. “¿Y si lo dejo para otro día?” Pensó para si. “No, tiene que ser ahora”.

Se dio una ducha, se afeitó y se puso la ropa más nueva que tenía. Pero cuando salió a la calle la duda volvió a atenazarlo. No tenía ni idea de adonde ir, así que terminó en el bar donde siempre quedaba con sus amigos.

La gente que había estaba cenando o tomando el café de después, ya que todavía era muy temprano. Jota que aquella noche no esperaba encontrarse con nadie en particular, le pidió una copa a la camarera. La chica era morena de ojos verdes muy guapa y con un vestido muy ajustado, era casi imposible dejar de mirarla, sobre todo su impresionante escote. Mientras le servía, Jota aprovechó para preguntarle por algún sitio a donde ir que no estuviera excesivamente lejos, ya que quería beber sin tener que coger el coche. Ella le dio propaganda de un pub cercano.

- ¿Cómo está el sitio, has ido alguna vez?

- Un par de veces, no está mal.- Contestó ella antes de alejarse para atender a otro cliente.

Jota la miró, mientras ella se dirigía hacia dos recién llegados a los que abrazó efusivamente, no pudo evitar una pequeña punzada de celos. Desvió la mirada hacia el televisor que estaba junto al techo y en la que hacían una de esas películas sobre veinteañeros salidos, con un montón de chicas en bikini. No sabía muy bien por que pero estaba ligeramente nervioso, desviando la mirada de la tele a la puerta cada vez que entraba alguien, y de la puerta a la camarera. Su pierna se movía incontroladamente a causa de sus incomprensibles nervios. Apuró su bebida, pagó y se fue, con un cierto remordimiento por verse incapaz de decirle algo más a la camarera, la cual por otro lado, estaba más pendiente de los otros clientes.

Una vez en la calle, respiró hondo antes de encaminarse al pub que le habían recomendado. El local estaba todavía vacío. Y es que para ciertas cosas era todavía temprano, o al menos eso es lo que le había dicho el barman, asegurándole que hasta las doce de la noche no empezaría a llegar la gente. Por un momento, dudó entre pedirse una copa o marcharse a su casa, finalmente se decidió por un Balantines con cola. Mientras esperaba a que empezara a llegar la gente, empezó a beber lentamente, mientras le entraba cierto sopor.

Poco a poco, empezaron a llegar los clientes, al principio muy tímidamente, luego en grupos más numerosos. Jota se vio forzado a abandonar su cómoda posición en la barra para que los nuevos clientes pudieran pedir. Sus nervios por la solitaria salida nocturna y su natural timidez, le hicieron retirarse hacia un rincón, del local, desde el que no perdía detalle de lo que ocurría a su alrededor.

Un pequeño grupo de chicas, se colocaron cerca de donde el estaba, sin percatarse de su presencia. “¿Existe eso que llaman amor a primera vista?” Se preguntó Jota sin saber muy bien cual de aquellas cinco chicas le gustaba más. Una de las chicas, por fin pareció fijarse en él. No era la más guapa, pero tampoco era fea. En seguida el corazón de Jota empezó a palpitar a toda velocidad. Toda una serie de absurdos pensamientos empezaron a cruzarse por su cabeza. “¿Qué hago? ¿Le pregunto el nombre y después qué? Aquello de estudias o trabajas esta muy pasado de moda. ¿Le pregunto si viene mucho por aquí? ¡Ah no! ¡Ya sé! Le contaré un chiste… ¿Pero que chiste le cuento? Ahora mismo no se me ocurre ninguno.”

Ella le sonrió dos veces, tal vez esperando a que el pobre Jota reaccionara, pero a él, aparte de devolverle la sonrisa, seguía sin ocurrírsele que decir. Finalmente, después de tres cuartos de hora allí plantado, otro grupo de chicos comenzaron a entablar conversación con las chicas y Jota lo dio todo por perdido. Se dirigió a la barra, dejó el baso vacío y fue un momento al lavabo. Mientras orinaba, seguía pensando que todavía era temprano y que tal vez pudiera tener otra oportunidad.

Cuando salió del lavabo, se pidió un chupito de tequila, sabiendo que al día siguiente lo iba a lamentar. Pero lo realmente importante era, que en aquel preciso momento necesitaba algo que le diera valor.

Ligeramente mareado, se dirigió a la esquina en la que creía que estaban las chicas aquellas, pero si no se había equivocado de sitio, significaba que ellas ya se habían ido, tal vez con los otros chicos.

Eran cerca de las dos y media y las pocas chicas que quedaban en el local, todas parecían acompañadas, el resto de la gente ya estaba empezando a ir a discotecas que cerraban a las cinco o a las seis de la mañana.

Jota, ya estaba cansado de dar vueltas y para ir a cualquier discoteca, necesitaba coger el coche. “¿Y para que, para estar plantado en una esquina bebiendo mientras veo como otros se dan el lote?” Pensó mientras encaminaba sus pasos hacia su casa. Para él la noche ya se había terminado.

Entró en el bloque y se encaminó hacia el ascensor. Se sentía un perdedor y justo cuando estaba cerrando la puerta del ascensor, vio pasar una sombra que le recordó algo de su pasado reciente. Abrió la puerta del ascensor, pero la portería estaba bacía, salio nuevamente a la calle, y allí estaba nuevamente aquella sombra esquiva, apunto de desaparecer detrás de una esquina y detrás de aquella esquina… nada, solo una neblina ascendiendo hacia el cielo.

Todo aquello, le trajo recuerdos de dos años atrás y pensó en ella, en Grecia, en las noches que pasó con ella, pensó en las chicas que había visto en el pub y finalmente en su guapa y probablemente paranoica vecina.

Cuando por fin llegó a su casa, se quitó la ropa, apagó la luz, se tumbó en la cama y se masturbó pensando en todas aquellas chicas, luego se quedó profundamente dormido.

Juan Carlos Fernández

domingo, 13 de septiembre de 2009

Algunas explicaciones.




¿Qué es (R.F.)?

Hace algunos años, escribí un libro titulado "La chica de Venus" publicado en Internet "BUBOK" y "LULU", desde entonces he estado dándole vueltas a muchas ideas para lo que podría ser mi próximo libro. Entretanto, mientras comenzaba una novela tras otra, sin terminar de decidirme a seguir con ninguna, escribí algunas historias cortas, solo por no perder la practica. Pero poco a poco, fui escribiendo menos historias, hasta que hace un año me apunté al aula de escritores, donde tenían un blog donde publicar las historias que los alumnos. Ya antes de apuntarme en el aula quería hacer que mis historias tubieran un nexo de unión y que fueran protagonizadas por los mismos personajes, mas por no tener que estar creando nuevos personajes cada vez que hiciera alguna de esas historias que por otra razón. Por razones, de tiempo y falta de dinero, solo estuve apuntado un trimestre al aula de escritores.
Así fue como decidí crear este blog.
Empecé publicando las historias que ya tenía escritas, incluidos los cómics que me habían dibujado algunos amigos, tanto los de un curso anterior que había hecho hace años de guionista con el gran Alfredo Pons, como los que posteriormente me dibujó mi amigo Manolo.
Entonces, en una conversación con una buena amiga, la misma que me corrigió mi libro, le comenté la idea del blog.
Fue entonces cuando me di cuenta, de que reescribiendo la mayor parte de las historias cortas y añadiendo otras nuevas, anteriores, intermedias y sobre todo posteriores, tendría mi nueva novela. Hice una serie de sinopsis, que mes a mes se van convirtiendo en historias.
Después de los dos primeros capítulos, "La historia de Mónica" y "Una nueva vida", el tercero es la historia titulada "Pesadilla en serie "B"", que ya fue publicada con el título, "Otra Historia de miedo". Como esa historia es autoconclusiva y no salen los personajes de la novela, la siguiente historia que será publicada es "La noche no es para los tímidos" que también fue publicada en el blog con el título de "una historia anti San Valentín". Esta vez si que repiten personajes y la historia es cambiada ligeramente para poder seguir el hilo argumental, lo mismo ocurrirá en su momento con las historias "La vecina de abajo" que pasará a titularse "Resaca" y "El agua teñida de rojo" Así que a mis posibles seguidores, si es que los tengo ya que nadie deja ningún comentario en el blog, lo siento si me repito.
El mes que viene "La noche no es para los tímidos"
Por cierto, "R.F." significa "Relaciones Fatales" y es uno de los posibles títulos para la novela, pero todavía no es seguro. Si a alguien se le ocurre un título mejor no os cortéis , siempre va bien alguna idea.

J.C.

viernes, 28 de agosto de 2009

(R.F.02) UNA NUEVA VIDA


Entre veinte minutos y media hora, era lo que tardaba el tren en hacer el recorrido de la capital hasta la ciudad de la periferia, donde a Mónica le habían ofrecido el trabajo. El sol le daba en la cara y el sueño la vencía después de una noche que prácticamente había pasado en vela y de los acontecimientos de aquella tarde, en los que se había visto obligada a huir del apartamento que compartía con su novio, hasta que se enteró de que traficaba con drogas. Mónica consiguió atarlo a la cama tras ser violada brutalmente. Ahora no se atrevía a denunciarlo y menos cuando ella se había llevado una elevada cantidad de dinero, que probablemente era el pago por coca o heroína. Con ese dinero pensaba comenzar una nueva vida. ¿Quién iba a imaginar que pensaba esconderse tan cerca su antigua casa? Lo más duro fue mentir a sus padres, les contó que había encontrado trabajo en el extranjero y se tenía que ir urgentemente para aprovechar la oportunidad que le ofrecían.
- ¿Ramón también va? – Le preguntó su madre.
- No. Ramón y yo hemos roto.
- Mejor, nunca me ha caído demasiado bien.- Dijo la mujer sonriendo vagamente.
En realidad, la buena mujer sospechaba que su hija le ocultaba algo, pero le daba reparo preguntárselo y más con su marido delante. La única que realmente sabía el destino de Mónica, era su hermana Elena pero habían sido ella y su novio Andrés los que le sugirieron la idea de inventar aquella historia del viaje al extranjero.
Uno de los pasajeros, despertó a Mónica cuando el tren llegó al final del trayecto. Al quedarse dormida, pasó de largo la estación y tuvo que cambiar de andén y esperar a que el tren diera la vuelta. Al final el viaje se le alargó más de una hora y cuando por fin llegó a su destino pasaban más de las once y media de la mañana. Lo primero que hizo al llegar fue ir a una caja de ahorros, donde abrió una nueva cuenta con parte del dinero que le había robado a Ramón. Luego fue a su nuevo lugar de trabajo, para firmar el contrato y pedir una copia, que sabía que le haría falta para poder alquilar una vivienda.
La hicieron esperar en una pequeña salita durante un buen rato, en el que vio a todo tipo de gente, sobretodo a mujeres y ancianos, también a algunos inmigrantes. Cuando por fin la hicieron pasar a ella, eran casi la una de la tarde. En el despacho, había dibujos de niños, propaganda sobre el sida, los derechos de los ancianos y los de las mujeres maltratadas, cosa que le hizo recordar por un momento los acontecimientos del día anterior.
- ¡Hola! Mónica, ¿verdad? Perdona que te hayamos echo esperar tanto rato. Creíamos que llegarías el lunes.- Dijo su futura jefa, una mujer de unos cincuenta años, muy delgada, con el pelo blanco y cierta pinta de jipi.- Por cierto, soy Rosa.- Dijo dándole dos besos.
- He tenido que dejar mi casa con un poco de prisa. He… discutido con mi novio y prefiero empezar de cero. De momento no quiero que sepa donde estoy y me gustaría buscar algún sitio de alquiler.
- ¿Te pegaba?- Preguntó Rosa muy seria.
- ¡No! ¡Claro que no!- Dijo antes derrumbarse.- Bueno, anoche…
- Tranquila, ya ha pasado... ¿Lo has denunciado?
- No pude… creo que él quedó peor parado que yo…- En ese momento pasó de la lágrima a la risa, a Rosa también se le contagió.
- ¿Eres supersticiosa?
- ¿Supersticiosa? ¿Te refieres a los horóscopos?- Dijo Mónica extrañada.
- O… en fantasmas.- Respondió Rosa con una sonrisa en la cara.
Mónica se la quedó mirando un momento antes de responder.
- Me dan más miedo los vivos.
- Hay una señora que vive en un edificio, en el que por visto murieron algunos de sus habitantes de una extraña enfermedad. Hay algún vecino que asegura que pasan algunas cosas extrañas y eso ha hecho que los dueños bajen el precio por debajo de lo normal.
- Ya bueno. Ya te digo que no creo demasiado en esas cosas y si el precio es bueno…
- Hagamos una cosa. ¿Tienes planes para comer?
- No.
- Espérame abajo a las tres, que haré un par de llamadas y luego comemos juntas y te digo algo.
Entretanto, en el apartamento que Mónica compartía con su novio. Alfonso el amigo de Ramón, consigue abrir la puerta con una ganzúa, no es la primera vez que lo hace. Al entrar escucha gemidos ahogados por la mordaza de Ramón y el sonido de los muelles de la cama. Si no fuera por el fuerte olor a sudor y orina que proviene del dormitorio, pensaría que su amigo estaba follando con su novia. Al abrir la puerta y verlo atado de pies y manos en la cama sin poder moverse, inevitablemente le entra la risa, sale del dormitorio para reírse a gusto, pero su amigo que escucha la carcajada de Alfonso, gime con más fuerza y cuando vuelve a entrar en el dormitorio con la intención de desatarlo, los ojos de Ramón están inyectados en sangre.
- Tranquilo hombre, que ya voy.- Dice Alfonso quitándole la mordaza y desatándolo.- ¿Quién te ha hecho esto, tú chica o el hijoputa del ruso ese?
- Ha sido Mónica. También se ha llevado la pasta del ruso. Pero me las pagará.- Responde Ramón mientras se frota sus adormecidas extremidades.
- Pues el jefe tiene un cabreo que ni te imaginas, cree que te piraste con la pasta, quiere verte ya, y con el dinero.
- Tendré que recurrir a mis ahorros para pagar al jefe antes de ir a por ella. Deja que me asee primero. ¡Apesto!
- No hace falta que lo jures.- Dijo Alfonso sin poder reprimir una sonrisa.
Ramón le dio un puñetazo que lo hizo caer de culo en el suelo.
El apartamento donde Rosa llevó esa tarde a Mónica, estaba en un segundo piso y era bastante espacioso, con un pequeño balcón donde tender la ropa e incluso tomar el sol en las calurosas tardes de verano. El bloque había sido fabricado a finales de los años sesenta. Los muebles del piso estaban un poco pasados de moda. Era evidente que necesitaba una buena limpieza. La buena mujer, que atendía al nombre de Maruja, le dijo que si tenía el dinero y lo deseaba, podía alojarse allí esa misma tarde y que ya arreglarían lo del contrato al día siguiente. A Mónica, que el tiempo se le echaba encima para buscar una pensión donde pasar la noche, a causa de la labia de doña Maruja, le pareció bien.
Salieron a la calle con la intención de buscar las cosas de Mónica, que estaban en el coche de Rosa. En ese momento, llegó al portal un chico, más o menos de la misma edad que Mónica, apenas un par de centímetros más alto, con la ropa del trabajo y aspecto un poco dejado (Aunque no tanto como el de Alfonso).
- ¿Puedes esperar un momento Javier? Te quiero presentar a alguien. Esta es Mónica, que se va a instalar en el segundo piso. Y Esta Rosa, mi asistenta social y amiga de Mónica.
Javier las miró antes de contestar, a Rosa muy de reojo, a Mónica en cambio le dio un buen repaso de arriba abajo, deteniéndose primero en los pechos y luego en el rostro.
- Hola, que tal.- Dijo sin saber si darles la mano o los dos besos de rigor.- Mis amigos me llaman Jota. Así que si me necesitas para lo que sea, estoy justo en el piso de arriba.
- Lo mismo digo Jota. Y mucho gusto en conocerte.- Contesto Mónica.
- Si claro, igualmente.- Dijo Jota antes de entrar en el edificio.
- ¿Sabéis? Hace tiempo que no se le ve con ninguna chica. Yo pá mí que es de la otra acera.- Dijo doña Maruja.
- Ya se nota.- Dijo Mónica.
- ¿Qué es marica?- Preguntó Rosa extrañada.
- No, que hace tiempo que no está con una mujer.
Mónica y Rosa se rieron mientras Maruja las miraba extrañada.
Después de instalarse en el piso, Mónica fue a comprar alguna cosa para la cena y esa noche recibió una llamada de su hermana.
- Ramón te ha estado buscando, aquí y en casa de papa. Está furioso, dice que le debes dinero. Le hemos dicho que te has ido al extranjero.
- ¿Y vosotros estáis bien? ¿Os ha hecho algo?
- Con mama se ha comportado. Conmigo se ha puesto un poco más agresivo, menos mal que en ese momento ha llegado Andrés y le ha parado los pies.
- Si, Ramón es muy valiente con las mujeres.- Dijo Mónica con ironía.
- Le hemos dicho que si volvía a acercarse a la casa, llamaríamos a la policía. Nos ha dicho que no nos preocupemos, que a la que busca es a ti. Ten cuidado ¿de acuerdo?
- Descuida, lo tendré. Aunque de momento no creo que me busque por aquí.
En los días siguientes, asta que empezó a trabajar, Mónica limpió la casa y la arregló a su gusto, gastando parte del dinero que le había quitado a Ramón. Luego cuando empezó a trabajar, ella empezó a llevar una nueva rutina. Se había cambiado el peinado, cortándose el pelo como si fuera un chico y tiñéndoselo de rubio. También se compró ropa nueva ya que aunque era poco probable que Ramón fuera a buscarla en aquella ciudad, cualquier precaución era poca. Pero quien la encontró por casualidad, fue Iván el ruso.
Ramón había conseguido reunir el dinero que le debía a su jefe, por el asunto de las drogas, librándose por los pelos de su ira. Pero para su humillación y su rabia frustrada, se había corrido la voz de lo que le había pasado, por todo el hampa. Llegó incluso a oídos de Ivan el Ruso que siempre que podía se mofaba de todo aquello.
La especialidad de Ivan, era la trata de blancas, era el encargado de vender a las mujeres que habían sido traídas con engaños o en contra de su voluntad de la Europa del este y tenía relación con la mayor parte de proxenetas, tanto de la capital como de las ciudades de alrededor. Eso fue lo que le llevó a la ciudad donde Mónica se mantenía oculta. En el momento en el que la vio, se estaba despidiendo de un “cliente” en un bar. Ella estaba al otro lado de la calle, en la parada del autobús. Había cambiado radicalmente de imagen, pero Ivan, gracias a su “profesión”, se había convertido en un buen fisonomista y la reconoció enseguida. Cuando llegó el autobús, Ivan, se disculpó con mucha prisa de su cliente, cruzó la calle y subió al interior del transporte antes de que el conductor cerrara la puerta. Pagó el billete y miró de reojo en el interior hasta localizar a Mónica, pasó de espaldas a ella, para que no le viera la cara y se sentó un par de filas por detrás de la puerta, para poderla vigilar sin que ella se diera cuenta. Cuando ella se bajó, él la siguió. Esperó que ella avanzara unos metros para seguirla a cierta distancia. A pesar de las precauciones del ruso, Mónica tuvo la impresión de que algo no andaba bien. Entró en un supermercado para hacer algunas compras, Ivan la esperó escondido detrás de una esquina. Cuando ella salió, tubo la impresión de ver la acechante sombra del hombre y aceleró el paso. Ivan supo que su presa sospechaba alguna cosa y esperó a que se alejara un poco más. Al girar en una esquina, Mónica aprovecho para mirar hacia atrás, sin conseguir ver nada sospechoso. Después Ivan corrió hacia dicha esquina y la observó desde allí, Mónica cruzó la calle dirigiéndose hacia uno de los portales. En ese momento escuchó a alguien llamándola y vio como un chico se reunía con ella, le abría la puerta del portal y la ayudaba a entrar con las compras.
Mientras Mónica y Jota subían en el ascensor, él intentaba iniciar una conversación con su vecina, pero Mónica estaba distante y pensativa, segura de que alguien la había estado siguiendo, cuando llegaron al piso de ella, bajaron los dos del ascensor, Mónica abrió la puerta, dejó sus bolsas en el recibidor, cogió las que llevaba Jota y también las metió en el interior del piso que estaba a oscuras. Le dio las gracias a Jota y le cerró la puerta en las narices. Llevó las compras a la cocina y luego se tumbó a oscuras en su habitación sin atreverse a abrir ninguna ventana ni encender ninguna luz hasta que pasara un buen rato.
Un tanto decepcionado, Jota subió hasta su piso. Si bien algunos vecinos habían comentado, la discreción con la que se comportaba Mónica. Doña Maruja, incluso llegó a comentar, que la chica era lesbiana. Claro que para aquella cotilla todo el mundo era de la otra acera. A pesar de todo, tuvo la impresión de que aquello había rallado la paranoia. Mientras pensaba en todo aquello, él si que abrió la persiana del balcón y salió a tomar el aire, mirando a los transeúntes y pensando en la historia que tenía que escribir para su fancín.
En la calle, detrás de su esquina, Ivan vio como Jota, salía al balcón, y miraba hacia todos lados. A pesar de no verle bien la cara, lo reconoció por la ropa que llevaba puesta. Apuntó la dirección, la calle, el bloque y el piso, el tercero. Sabía que cuando viera a Ramón, este se alegraría con la información y conseguiría sacar algún provecho de todo aquello.
Mónica, que aquel viernes había quedado con algunas compañeras del trabajo para cenar y tomar algunas copas, llamó a Rosa y canceló la cita. Esa noche se acostó temprano, a pesar del cansancio le costó mucho dormirse pensando en lo que había pasado esa tarde. Cuando por fin se durmió, tuvo una extraña pesadilla, en la que Ramón, con el rostro muy pálido, se acercaba a ella y la poseía, después al alejarse su cara estaba completamente roja, tal vez de la ira. El sueño fue tan real, que ella se despertó sobresaltada y con el corazón latiéndole a toda velocidad. Estaba sudando y tenía la boca seca, miró el despertador, pasaban algunos minutos de las tres de la madrugada, se levantó y fue a la cocina, estaba un poco mareada y después de beber un baso de agua, perdió por unos segundos el conocimiento y calló al suelo, donde permaneció unos minutos tumbada hasta que se sintió con fuerzas para ir nuevamente al dormitorio. “Probablemente ha sido una bajada de tensión a causa de la pesadilla” pensó estirándose nuevamente en la cama.