lunes, 16 de septiembre de 2013

(H.C. 30) ESPÍAS Y CONSPIRACIONES


Norma era insaciable, antes de que entraran en la habitación, ya lo estaba desnudando y quitándose ella misma la ropa.     
- ¡Espera loca! ¡¿No quieres primero una copa de vino?!   
- No, y creo que tú tampoco- respondió ella tocándole la entrepierna. 
Le quitó la botella dejándola sobre la mesa y lo empujó a él en la cama, tirándose encima. Para Hugo fue imposible reprimir sus impulsos, así que imaginando que Norma era Marina, la mujer con la que realmente quería estar, participó en el juego. Media hora más tarde, ella tenía ganas de seguir pero Hugo se levantó, convenciéndola de que necesitaba reponer fuerzas, fue primero al cuarto de baño, sabiendo que ella le seguiría después y en cuanto ella entró, él aprovecho para buscar entre su ropa la pequeña cápsula con somnífero que le había pasado Rob en el bar y lo echó en una de las copas, la misma que le dio a Norma en cuanto salió del cuarto de baño, entrechocaron las copas y Norma se bebió la suya de un trago, sin darle tiempo a Hugo a mojarse los labios.         
- ¿Qué, ya te has recuperado?- preguntó Norma Impaciente.  
- Casi, espera un momento- contestó Hugo bebiéndose la mitad.  
Norma le quitó la copa, se bebió lo que quedaba, la dejó encima de la mesita de noche junto con la suya. - Suficiente- dijo con una sonrisa pícara. Lo besó y se quedó dormida encima de él, la echó a un lado suspirando aliviado, la tapó para evitar que cogiera frío y se vistió para bajar al bar del hotel. Se sentó en la barra y una chica de apenas metro sesenta y con un aspecto un tanto vulgar, se acercó a él.      
- Ya era hora Hugo, ¿o debo llamarte Carlos Lago ahora?- dijo Rob 
- Muy graciosa, pensaba que te presentarías con el aspecto de Marina. 
- No, antes solo quería llamar tu atención. ¿Tienes la información? 
- He intentado memorizarla como me dijiste, pero yo no soy una máquina ¿sabes? Lo poco que logre memorizar, se lo envié a Marina. Por cierto, ¿Cómo está? La hecho mucho de menos.    
- ¿En serio? Por que antes te vi muy bien acompañado… En fin, ella también te hecha de menos a ti, dice que te quiere y que tengas cuidado- Hugo suspiró al oír aquello.
- ¡Está bien! Arriba tengo una habitación reservada, donde podremos charlar más tranquilos.    
Entraron en la habitación y en cuanto se cerró la puerta, Rob volvió a coger la apariencia de Marina con la que había presentado unas antes en el bar.            
- Siéntate ahí- dijo Rob señalando un sillón.     
- ¿De quién era la apariencia que tenías antes?    
- ¿Te gustaba? Es una científica de la Strux en la Tierra, que apenas sale del laboratorio.         
- Prefiero a Marina.         
- Ella te también te prefiere a ti- dijo Rob con una sonrisa.- Ahora, relájate y mírame fijamente a los ojos.       
- ¿Qué vas a hacer?         
- Hipnotizarte, para sacarte toda esa información que no recuerdas. Ahora mírame y respira hondo…                    
En cuanto habían salido del bar, el barman, que era un mautón con unos zancos biónicos gracias a los cuales, podía estar a la altura de otras razas espaciales, ya fueran humanos o bíraros, marcó un código en su microordenador.           
- He identificado al humano que me dijisteis, ha bajado solo y se ha encontrado con otro humano, no estoy seguro pero creo que era una hembra y no, no era la humana con la que subió antes.     
- Probablemente sea una espía del Cristóbal Colón, intenta averiguar su identidad- contesto la imagen tridimensional Tigre.     
Gracias a la capacidad del androide para cambiar continuamente de identidad y a las continuas precauciones que había tomado, al mautón le fue imposible cumplir con la tarea que le asignó Tigre, él cual sospechó de Hugo incluso antes de que entrara en la organización, estaba convencido de que este, aún estando al otro lado de la ley, trataría de ayudar a sus antiguos compañeros para recuperar su vida anterior como piloto de caza a bordo del Colón. Ahora, tenía que encontrar la forma de separar a Hugo del resto de la tripulación del Tortuga, para poder deshacerse de él, sin que sus nuevos compañeros sospecharan nada, tal y como había ordenado su jefe. Lo más fácil fue alejar aquella misma noche a los dos bíraros.
Cerca de una de las ciudades coloniales que había al otro lado del planeta, en unos altos picos montañosos, las autoridades mautonas habían autorizado a un pequeño grupo de biraros la construcción de un pequeño gueto, donde aquellas emplumadas criaturas, se encontrarían más a gusto y donde la tripulación de dicha especie del Tortuga, podría encontrar diversiones más acordes con los miembros de su especie. Hizo que dicha información les llegara poco después de que Hugo y Norma se retiraran a su habitación de hotel, así que los dos bíraros dejaron su reserva en el hotel así como un mensaje en la recepción del mismo para los dos humanos, para ir poco después en busca de un transporte que los llevaría cerca de aquel destino tan deseado por ellos. Después de la sesión de hipnosis, con excelentes resultados a la que Hugo fue sometido, por parte del androide, el expiloto regresó a su habitación, donde Norma seguía durmiendo profundamente, se desnudó y se acostó junto a la joven contrabandista, sumido en sus oscuros pensamientos.
Entre tanto, bajo otra de sus falsas identidades, el androide dejó primero el hotel y luego a pie, la ciudad. Corrió a gran velocidad sin cansarse un ápice asta el pequeño caza, gracias al cual había llegado clandestinamente al planeta, que abandonó de la misma forma, poniendo rumbo al Cristóbal Colón, que lo esperaba a años luz de distancia, junto con la información que portaba consigo.                                  
Ya hacía un par de horas que amaneció en el planeta colonial moutón, cuando unos golpes en la puerta despertaron a los dos humanos que dormían en la habitación del hotel. Hugo apenas tubo tiempo de ponerse los pantalones antes de abrir y dos mautones, provistos de grandes zancos biónicos, de los uniformes de las autoridades coloniales y acompañados de dos robots, provistos de grandes tentáculos, irrumpieron en la estancia a empujones.          
-¡¿Qué significa esto?!- preguntó Hugo sorprendido.   
- Tenemos órdenes de llevarnos a la hembra humana para una interrogación.            
Sin ningún miramiento, uno de lo grandes robots, fue a la cama y sacó a la soñolienta Norma, sin darle tiempo a ponerse la ropa.    
-¡Pe-pero! ¡¿De qué se me acusa?! ¡Tengo mis derechos!    
- Está en una colonia mautona. En el centro de detención se la informará de todo- dijo uno de los mautones.      
- ¡¿Y mi ropa?! ¡Al menos dejad que me vista, brutos!   
- Su compañero le llevará la ropa al centro.     
Hugo miraba la escena impotente mientras el otro robot lo sujetaba con sus fuetes tentáculo para evitar que hiciera una locura.   
- ¡Debe de ser un error! ¡Avisaré a Garn y a Zot!    
Los mautones salieron junto con los dos robots, uno de los cuales parecía haberse convertido en una especie de jaula andante en que llevaba prisionera a Norma. Hugo se apresuró a terminar de vestirse, cogió las cosas de Norma y salió tras las autoridades.                                 
 
Jotacé

jueves, 12 de septiembre de 2013

BALAS DE CARMIN (Alfredo García Francés)

Descripción del producto

Un thriller de acción trepidante entre Colombia, Miami y Madrid, violencia infinita y sexo que salpica al lector. Una bofetada al narcotráfico y el terrorismo de las FARC, una denuncia de los secuestros, un grito contra la violencia doméstica y a favor de la libertad sexual entre mujeres.

Balas de Carmín narra el drama de las mujeres y hombres secuestrados por las FARC, la narcoguerrilla colombiana. Es la historia de una mujer y su lucha contra un destino trágico en las sierras y en las calles de Colombia y, también, una novela de amor. De amor entre mujeres inmersas en un mundo de violencia que amenaza con devorarlas. Narcos, guerrilleros y sicarios y una protagonista, Lany, que es lesbiana y nunca lo ocultará.

lunes, 9 de septiembre de 2013

(M.N. 13) FIESTA DE INAGURACIÓN


Esther, que en pocos días se había convertido en la compañera inseparable de Daniel, ayudó aquella tarde a los dos amigos con los preparativos para la cena de aquella noche, les acompañó a hacer la compra, y se encargó de preparar parte de la cena, consistente en croquetas, empanadillas, tortilla de patatas, pizzas y otras cosas de picoteo, antes de que llegara más gente. Jota y Daniel, retiraron algunos muebles para hacer sitio, en una mesa pusieron las bebidas, consistentes en refrescos con gas de cola, naranja, limón y algún otro zumo para combinarlo con las bebidas alcohólicas, vodca, whiskey y ron. Las cervezas se quedaron en el congelador, junto con el hielo y de la música, se encargaba la selección que Jota guardaba en su portátil, conectado a dos pequeños altavoces puestos estratégicamente para que la música llegara a toda la habitación.                                                              
 El primero de los invitados en llegar, fue Santiago, el amigo de Daniel, que llegó antes de que estuviera todo listo. Siempre dispuesto a echar una mano, pero que sin saber muy bien como, se vio relegado como siempre a un rincón el sofá, más tarde llegó Alex, con Sara y María, las dos compañeras de piso de Esther. Otro par de amigas de Esther, también se apuntaron al sarao, y algunos compañeros del trabajo. Paco llegó de los últimos, acompañado de uno de sus ligues, lo cual provocó la mirada de fingida indiferencia por parte de María, con la que semanas atrás, tubo un afer.                                                            
 La mayoría de los invitados traían consigo alguna botella de vino, cava o algún otro licor.     
 Sin que nadie se diera cuenta, alguien más se había colado en la fiesta sin ser invitada, se trataba de Selina, la gata de la señora Eulalia, que asistía silenciosa a todo lo que allí pasaba, dejándose acariciar dócilmente por todo el que reparaba en su presencia y sin que nadie sospechara de que tras esos ojos de felino, se encontraba la mirada inteligente de un ser, cuya carencia de cualquier tipo de sentimientos, le hacía capaz de las mayores crueldades para salirse siempre con la suya y lo único que buscaba era aquello de lo que siempre había carecido incluso, antes de morir, cuando era doña Carmen, ya le faltaba aquello que a la mayoría nos hace ser humanos.                                                            
Algunas horas más tarde, sonó el interfono de la puerta, fue uno de los invitados más próximo al aparto el que contestó.                                                              
 - ¡Santi! ¡Preguntan por un tal Santi!- gritó.                                                             
Santiago, que seguía sentado en su rincón del sofá, con un baso de naranjada en la mano, mientras una pareja se daba el lote a su lado, se levantó como un resorte y fue hacia la puerta, era su padre, que le esperaba en la puerta de la calle para llevárselo de vuelta a casa.                                     
- ¡Ssssssi! A…ahora b… ba… bajo. Boy a des… despepe… dirme- tartamudeo.                                                                                                                                       No sabiendo donde estaba su amigo Daniel, se dirigió hacia Jota, que charlaba con las compañeras de piso de Esther.                                                               
- Yyyyya me… me… mmme te te tengo que ir. ¿Hab… habeis vvvvis…visto a Da Dani?                                                                                                                       
- Creo que está ahí, cariño, en el sofá con Esther- dijo María                           
Efectivamente, su amigo al que creía haber perdido de vista durante casi toda la fiesta, había estado todo el rato a su lado, ocupado en otros menesteres más placenteros junto con su novia. Mientras se despedía de su amigo, el pitido de un coche, sonó varias veces en la calle y el pobre chico se vio obligado a apresurarse en las despedidas.                                                                                   
- ¿Quién era ese?- preguntó María.                                                                                 
- Un amigo de Dani. Estuvo echando una mano hace un par de semanas, cuando estuvimos pintando el piso- contestó Sara.                                                         
Poco más tarde, Paco sugirió el ir a alguna discoteca a continuar con la fiesta, idea que todos apoyaron unánimemente. La gata salió al balcón transformada en niebla, para adoptar la apariencia de la anciana que era y ver como invitados y anfitriones, se dirigían a sus coches. Los siguió entonces desde las alturas, convertida ahora en lechuza que persigue a su presa. Su objetivo, era el coche de Jota, donde viajaban además Daniel y Esther. Mientras el vehículo realizaba las maniobras de aparcamiento, la lechuza, observaba subida en lo alto de una farola. Siguió los pasos de los chicos hasta la puerta de una discoteca donde se encontraron con sus amigos con los que hicieron cola hasta llegar a la entrada, guardada por dos fornidos guardias de seguridad. El vampiro, desde lo alto de una azotea donde había adoptado su forma original, sabía que como vampiro necesitaba la invitación expresa de los vigilantes y que sería extraño presentarse en la puerta, con la apariencia de doña Carmen, pero siempre había otras formas de entrar. Una espesa niebla, pasó entre sus piernas y bajó hasta la entrada, sin que nadie se diera cuenta adoptó la apariencia de Sofía, que ahora formaba parte de doña Carmen. Eran un mismo ente con distinta apariencia y compartiendo la mente. En cuanto los porteros vieron a la difunta pero sexi y seductora profesora de fitness, se apresuraron a quitar el cordón de la entrada y dejarla pasar, mientras doña Carmen, adoptaba la forma de ave nocturna para regresar a su guarida.                                                                                                        
Jota intentó relacionarse con las chicas que habían estado en su fiesta sin pareja y aunque en un principio le siguieron el juego, lo único que querían era divertirse. Así después de pasar por la barra e intentar sin demasiado éxito flirtear con ellas, terminaron todos en la pista de baile, siguiendo el ritmo de aquella machacona música, donde finalmente ellas terminaron por ignorarle completamente, eso si atrayendo la atención de otros moscardones, por los que parecían sentirse más atraídas que por el pobre Jota. Entonces, a varios metros de distancia de donde estaba, la vio a ella, Sofía. Era como la luz de un faro en un mar de de gente y a los ojos de Jota todos los que estaban en la discoteca se convirtieron en simples sobras danzantes, ella se movía de un modo sensual y seductor, sin dejar de mirarlo ni por un segundo. Ya ni siquiera escuchaba la música, solo la silenciosa llamada del vampiro, como la de las sirenas atrayendo a los marineros hacia desastre, un pasillo pareció formarse entre ambos, Jota avanzó hacia ella, y entonces ocurrió que una de aquellas borrosas sombras se puso en medio del pasillo entre los dos, intentando llamar su atención. En un par de ocasiones tubo la impresión de que aquella sombra tenía el borroso rostro de una mujer, pero Jota la ignoró para seguir su fatal destino. De pronto sus labios chocaron en un beso con los labios de otra persona, haciéndolo salir de aquel extraño trance al que parecía estar sometido y el borroso rostro de la chica se hizo más claro, ella era casi tan alta que él, con el pelo castaño claro y un cuerpo escultural y bien formado que en nada tenía que envidiar al de la sobrenatural Sofía.               
- ¿Pe… pero, qué ha pasado? ¿Quién eres tú?- preguntó Jota atónito.                
- Siento haber actuado así, pero hay un pesado que no puedo quitarme de encima y… lo siento no quería importunarte- dijo la chica con un extraño acento, que delataba a pesar de su perfecto castellano que era extranjera.                       
- ¡Joder no, para nada!- dijo Jota todavía medio aturdido                                
- Mira detrás de mí y dime si ves a un tío un tanto rechoncho, con gafas y un baso en la mano, por aquí cerca.                                                                                           
Jota hizo lo que la chica le había dicho, viendo a un tipo que se ajustaba bastante a la descripción, mirando hacia ellos. Ya de paso comprobó además que la espectral Sofía había desaparecido por completo, como si de un extraño y lúcido sueño se hubiera tratado.                                                                      
- ¿Lleva una camisa verde?- preguntó Jota.                                                        
- ¡Si, joder!- dijo ella con cara de asco.- Ya se que es pedir demasiado pero ¿podrías seguirme el royo un rato, al menos hasta que el pesado ese se canse y me deje en paz? Por favor.                                                                               
- Si, claro, pero al menos dime como te llamas, yo soy Javier, aunque todos me llaman Jota.                                                                                                    
- Encantada Jota, yo soy Diana- dijo ella besándolo nuevamente en los labios.                
 Diana lo cogió de la mano y lo condujo al centro de la pista donde se puso a bailar con él en plan sexi.                                                                                   
En un oscuro rincón de la discoteca, Sofía ya había encontrado a otra víctima de la que alimentarse antes de irse definitivamente de allí.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
Jotacé.

jueves, 5 de septiembre de 2013

BAJO EL MUNDO: LA VIUDA DE LOS ESTRIGOIS (Ioan Silvan)


Definición de Estrigoi según el diccionario Rumano:
“El alma de una persona fallecida o viva que se transformaría durante la noche en un animal u otra aparición fantasmal, acarreando perjuicios a quienes se le crucen en el camino; persona nacida bajo un signo nefasto, que estaría en conexión con el diablo y se dedicaría a la hechicería y los encantamientos”

SINOPSIS: Personas que den tres vueltas a su cabeza y se conviertan en el animal en el que estén pensando en ese instante no existen. Solamente los estrigois pueden hacerlo, pero, sin embargo, ellos tampoco han sido vistos haciéndolo…

lunes, 2 de septiembre de 2013

(H.C. 29) REINICIANDO EL VIAJE


Aquella fue la última noche que Hugo pasó con Yumi, tanto ella como Robert, habían decidido que si la revolución fracasaba, la última oportunidad para los habitantes de aquel mundo era que Hugo y Robert, se infiltraran en la base de los piratas espaciales y les robaran una nave con la que poder avisar a las tropas espaciales.                                                                              
 Se levantaron antes del amanecer, ya que su camino les hacía atravesar aquella escarpada cordillera montañosa, donde los rebeldes de Yumi habían montado su base. Algunos aborígenes, sobretodo, ancianos, mujeres y niños, también partirían aquel día para mezclarse con otros pueblos y ciudades del continente. Pero la mayoría, cogían el camino inverso al de ellos, el que se alejaba de los malignos dioses que les mantenían esclavizados. Algunos hombres, también habían partido, para escoltar a los refugiados y para expandir las llamas de la revolución, reclutando a todo el que estuviera dispuesto a luchar por la libertad del pueblo. Yumi, con la ayuda de Xalor, entrenaría a los aborígenes en el arte de la guerra de guerrillas. Atacarían y robarían toda esa nueva tecnología que les estaban proporcionando los “dioses” a los soldados.                                                                                    
 En cuanto a Hugo y Robert, acompañados de Fizo y Kina, viajaban en un enorme carromato para las proporciones humanas, tirado por las bestias que los aborígenes usaban normalmente como animales de carga y transporte, dotado de un falso fondo en el que humano y androide se esconderían cuando se cruzaran con otros aborígenes, ya que ahora se hacía más imprescindible el pasar inadvertidos para el éxito de la misión. Las sofisticadas armas humanas con su munición inacabable, alimentada por la luz del sol, mantenía a raya a las innumerables bestias que poblaban aquellas tierras salvajes, proporcionándoles asimismo, comida y pieles con las que abrigarse en aquellas frías noches y con las que más tarde podrían comercializar. Un día fueron atacados por unas insidiosas aves, que veían en ellos una presa fácil. Difíciles de abatir a pesar de la puntería casi infalible de Hugo y Robert, aquellos bichos voladores, tardaron en darse por vencidos.                        
 En los aislados pueblos de las montañas por los que pasaban, descubrieron que por la difícil vida de sus habitantes, permanecían ajenos a todo, tanto a los dioses venidos de las estrellas como, al movimiento que se estaba formando en contra. Habían oído hablar de ellos pero los secuaces de los “dioses” les dejaban bastante tranquilos, su vida era ya por sí lo bastante dura, sin  tener que pensar en guerras y revoluciones. En cambio en las llanuras, los soldados reclutaban forzosamente a los jóvenes aborígenes que se habían quedado en sus casas, ignorando las advertencias de los rebeldes. Algunos de ellos, consiguieron desertar y unirse a la rebelión o huir a algún sitio donde poder vivir en paz con sus familias.                                                     
 En el camino, una vez dejaron atrás las montañas, se encontraron con una patrulla a la que les fue imposible eludir ya que hubiera resultado sospechoso. Hugo y Robert se escondieron en el falso fondo de la carreta nada más avistar a los soldados que se acercaban corriendo hacia ellos.                              
- ¡¿Quiénes sois, extranjeros?!- preguntó el jefe de la patrulla.                       
- Pacíficos comerciantes- respondió Fizo.                                                      
 - Con que pacíficos comerciantes, ¿eh? Solo hay que veros para saber que sois de una raza inferior, los dioses sabrán de donde habréis salido. En otras circunstancias seríais esclavizados y llevados a las minas, sin embargo la situación ha cambiado, necesitamos jóvenes fuertes como tú extranjero, para reforzar nuestro ejército y combatir contra los rebeldes de las montañas.                       
 - No es mi guerra y aunque lo fuera ¿Qué sería de ella?- dijo Fizo señalando a Kina.                
 - Es una hembra hermosa, para ser inferior. Cumplirá bien su papel satisfaciendo a las tropas- dijo el líder, acercándose a Kina y acariciándole el rostro, ella le escupió en la cara.- Claro que antes tendrá que aprender a respetar a los hombres ya que es evidente que tú no le has enseñado modales.           
 Algunos de los soldados rieron y Fizo aprovecho para abalanzarse sobre el líder, tirándolo al suelo, rodaron los dos. Hugo y Robert observaban expectantes desde su escondite, preparados para actuar y temiendo que su coartada se fuera al traste. Los soldados intentaron intervenir, pero uno de los que se había reído con más fuerza, recibió un mosquetazo. Alzaron la mirada hacia la hembra, que los apuntaba con cara de rabia con su arma de fuego, dispuesta a matar al primero que interviniera en la pelea.                                    
 - ¡Tirad vuestras armas lejos!- les gritó.                                                  
Fizo aplicó las técnicas de lucha terrestres que el androide le había enseñado, inmovilizando a su adversario en el suelo.                                           
 - ¡¿Y ahora que piensas hacer rebelde?! ¡Si me matas no llegarás demasiado lejos y si me dejas vivir menos todavía! ¡La única opción que os queda es matarnos a todos y sabes que eso es imposible!- gruño su presa apretando los dientes de rabia.                                                  
 - ¡Si sois rebeldes! ¡¿Es verdad que hay dioses con vosotros?!- preguntó uno de los soldados.                                                                                              
 - ¡Si, es cierto!- contestó Kina                                                                      
 Hugo desde su escondite estaba sudando a chorros, temiendo que finalmente se verían obligados a dar la cara para salvar la situación.                       
 - ¡Yo siempre quise vivir en paz y vinieron a reclutarme a la fuerza!- dijo el soldado            
 - ¡Y yo!- dijo otro de sus compañeros a los que se les sumaron otros dos.                            
 - ¡¿Y qué pensáis hacer, sumaros a esa pandilla de esclavos inferiores y renegados?!- dijo el líder desafiante, viendo que derepente se estaban cambiando las tornas.                                                                                          
 - ¡Este “esclavo inferior” al que hace un momento estabas dispuesto a reclutar por la fuerza para tu ejercito, te tiene inmovilizado en el suelo! Además, dudo mucho que esos dioses a los que veneras se os parezcan y os consideren sus iguales- dijo Fizo.                                               
 - ¡Es cierto, son diferentes, superiores! ¡Pero nos eligieron a nosotros, para confiarnos su sabiduría! ¡¿Es que no os dais cuenta?!                              
 - ¡Si, a cambio de vuestra libertad!- dijo Kina.                                        
 - ¡Yo me uno a los rebeldes!- dijo el soldado de antes- los que quieran se pueden unir a nosotros, los que no vendrán como prisioneros.                               
Finalmente, todos los soldados recogieron sus armas, siendo el líder, al que ataron y amordazaron, el único que permaneció como prisionero.                        
 - Si realmente sois rebeldes, podemos acampar todos juntos esta noche, nos sentiríamos honrados de compartir nuestra comida con vosotros- dijo el soldado que se había erigido como nuevo líder                              
- El sentimiento es recíproco para Kina y para mi, pero tenemos una misión que cumplir y no podemos entretenernos. Además cuando reparen de vuestra ausencia querrán averiguar lo que ha pasado y eso nos pondría a todos en peligro- contestó Fizo sonriendo.                                                                      
 - Si, supongo que tienes razón. Por cierto, ¿quién te ha enseñado a luchar así?                                                                                                              
 - Un dios.                                                                                                    
El soldado miró a Fizo sorprendido, luego soltó una carcajada a la que le siguieron sus compañeros.                                                                                 
 - Está bien, que tengáis suerte en vuestra misión.                                           
 - Y vosotros.                                                                                               
Se dieron la mano en señal de amistad. Fizo subió a carromato, junto con Kina y los soldados a sus monturas.                                                              
- ¡Por cierto! ¡Si veis a la diosa, decidle que vais de nuestra parte, contadle lo que ha pasado, que estamos bien y que seguimos con la misión!                 
 -¡Se lo diremos!- dijo el soldado estrechando la mano de Fizo.               
Reemprendieron la marcha, en direcciones opuestas, Fizo y Kina alejándose de las montañas a las que se dirigieron los soldados. Cuando perdieron de vista a la patrulla, Hugo y Robert pudieron salir de su escondite y felicitar a sus compañeros de viaje por su actuación.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         Jotacé.       

jueves, 29 de agosto de 2013

GENTE MUERTA (J.G. Mesa)

En 1912, Andrea Landa es asesinada por su marido en un ataque de celos. La muerte es tan violenta y traumática que el espíritu de Andrea queda colgado en el Velo, un plano de existencia en la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

A punto de desaparecer para siempre, envuelta en la Niebla que se lleva a los espíritus, Andrea oye una voz severa y paternal que dice: «Usa tu odio». Y así, aferrándose a todos los sentimientos de injusticia y venganza provocados por su brutal asesinato, elude a la Niebla, la muerte, y queda en el Velo perviviendo como un espíritu de la venganza... la suya o la de otros.

Porque la venganza será ya lo único que la mantenga despierta.

Pugnando por salvar el alma de su padre muerto, viajará al infierno...

Obsesionada con proteger a un joven que recorre Europa, durante la Primera Guerra Mundial, para vengarse de su hermano, conocerá el lado más enfermizo y sanguinario del hombre.

Viajará al mundo del Sueño para encontrar respuestas y forjar alianzas.

Y, a lo largo de todo el siglo XX, perseguirá a un asesino inmortal cuyas víctimas son niños, con cuyas muertes abre la puerta a demonios con los que pactar más años de vida y más poder.

Y narrará, una y otra vez, su propia existencia, sus pesares, recordándose a sí misma para alejar a la Niebla, alentando a través de la evocación los recuerdos más intensos, amargos o benéficos, y así a su vez, aguantar un poco más en el Velo, persiguiendo a su presa, Norton Graves, el asesino de niños.
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«Una historia de fantasmas como nunca había leído: imaginativa, sorprendente y adictiva. Quiero más.» Daniel Estorach, autor de Hoy me ha pasado algo muy bestia.
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«Renovar algo tan manoseado como el género de fantasmas y convertirlo en algo fresco, original e impactante, requiere toneladas de talento. Gente Muerta es el libro sobre el tema que siempre quise leer» Carlos Sisí, autor de la trilogía Los caminantes y La hora del mar.

lunes, 26 de agosto de 2013

(M.N. 12) LA LARGA MUDANZA

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Aquella noche, que Daniel pasó con Esther, apenas pego ojo. Por la mañana, con ella todavía entre sus brazos, su erección parecía perenne, cosa que Esther agradeció y tras otra sesión de sexo, pudo por fin quedarse dormido. Se levantaron tarde, desayunaron y cuando por fin llegaron al piso de Dani, Jota casi había terminado de hacer todo el trabajo, así que decidieron ir a comer. 
 - No veáis el jaleo que había esta mañana,- les comento Jota, durante la comida- se ve que anoche a una vecina le dio un amago de infarto o algo así y por lo que cuentan los demás inquilino, es bastante joven. 
- Pues si que empezamos bien- dijo Dani. 
Jota volvió a su casa mientras sus dos amigos terminaban de recoger lo que quedaba en la casa. Pero al verse solos allí, a Dani, se le ocurrió que era un buen momento para estrenar el piso con Esther. Insaciables, parecía que estuvieran en celo y poco les importó montárselo en el duro suelo, cubierto tan solo por hojas de periódico y rodeados todavía de botes de pintura. Sus gemidos de placer resonaron en las habitaciones vacías. Se dieron una ducha, juntos, se vistieron y bajaron las herramientas que les habían sobrado, al trastero del edificio. Sin ser conscientes que en las oscuras sombras, del pasillo de la sección vecina, eran observados, casi acechados atentamente por unos ojos muertos, que esperaban pacientemente la llegada de la noche. 
Cuando terminaron de recoger, Daniel acompañar nuevamente a su casa a Esther, aunque esta vez se despidieron en la puerta, ninguno de los dos parecía tener ganas de hacerlo y fue gracias a la “inoportuna” llegada de María, la compañera de Esther, que los dos tortolitos dejaron las carantoñas para otro día. 
Cuando por fin llegó a la casa de Jota ya era de noche. 
 - ¡Toma hijo! Que me parece que necesitas recuperar fuerzas- dijo la madre de Jota, dejándole un buen plato de comida en la mesa con una sonrisa irónica en los labios. 

 Aquel lunes, Jota y Daniel, se cogieron el día libre en el trabajo, para terminar la mudanza. Sobre las once de la mañana, llegó el camión con los muebles y pasaron toda la mañana descargándolos, sin apenas tiempo para empezar a montarlos antes de la comida, cuando regresaron escucharon la trágica noticia de la muerte, la pasada madrugada de la vecina del cuarto en el hospital. 
 - Una chica tan joven y guapa- les dijo doña Eulalia en la entrada. Los dos amigos se quedaron de piedra, con apenas unas semanas de diferencia, en aquel edificio habían fallecido ya dos personas, la abuela de Daniel que se ahorcó de la lámpara de araña y ahora la joven Sofía, que según decían, había sufrido un accidente, al caerse por las escaleras del hospital cuando corría sonámbula, o algo así era lo que se rumoreaba. 
Paco y Esther, llegaron unas horas más tarde para echarles una mano, pero era evidente que todavía les quedarían cosas pendientes.
 - ¿Y qué, esta noche ya la pasáis aquí?- preguntó Paco 
 - No, nuestras cosas están en casa de mis padres y ya es muy tarde para ir a buscarlas, además todavía queda mucho por hacer- contestó Jota. 
 - Y a mi me da muy mal royo volver, después de lo de la chica esa. 
 - ¿Qué chica?- preguntó Esther. Jota les contó lo que les había dicho doña Eulalia. 
- Es extraño, con lo deportista que era, trabajaba en un gimnasio con su marido- dijo Dani. 
- ¡¿La gimnasta esa que estaba tan buena!? Oye, tú vivías aquí, ¿la conocías mucho?- dijo Paco. 
- De pasada, hola y adiós cuando nos cruzábamos en la puerta. 
- ¿Iréis al entierro? De todas maneras erais vecinos- preguntó Esther. 
Jota y Daniel se miraron un momento. 
- A mi no me miréis, curiosamente no recuerdo haber visto a la chica, además sigo sin estar instalado aquí. Si voy, será acompañando a Dani, que la conocía más que yo- dijo Jota 
 - Creo que paso… Lo de mi abuela todavía es muy reciente y visitar otra vez el cementerio es lo último que se me apetece. Además creo que ellos no fueron al entierro de mi abuela. 
 - Tienes razón, no fueron, yo me acordaría si hubiera venido- dijo Paco. 
Aunque Jota hacía mucho que dejó de creer en supersticiones, parecía haberse contagiado de la extraña aprensión de su amigo Daniel y para los dos era más cómodo llegar a casa de los padres de Jota, después del trabajo y encontrarse con la comida ya hecha. Además, siempre parecía surgir alguna cosa que les servía de excusa para irlo aplazando, como si en el fondo ambos intuyeran que allí pasaba algo raro. Por otro lado, aquello les hacía coincidir el traslado definitivo con la cena que pensaban darles a sus amigos, para celebrar su nueva residencia, ya que los cambios eran tan radicales, que incluso para Dani que llevaba toda su vida viviendo allí, era como entrar en una casa nueva. Todas las tardes quedaba con Esther y por dos veces fueron al piso aprovechando que Jota todavía no estaba allí, pero Dani, siempre insistía en salir del piso antes de que anocheciera. 
Entretanto, un extraño cambio se estaba realizando entre los vecinos, algunos parecían estar siempre expectantes, vigilantes y mostrándose introvertidos e irascibles ante los extraños. Otros en cambio, parecían cada vez más débiles y atemorizados, sufriendo extrañas e ignoradas pesadillas en las que aparentemente los fantasmas de los recientes difuntos, regresaban de sus tumbas para absorberles su energía vital. Dichas pesadillas parecían materializarse con extraños moratones en distintas partes del cuerpo, sobre todo en el cuello. Los niños eran las víctimas preferidas del o los espectros, ya que algunos la describían como una horrible anciana y otros como una hermosa mujer. 
 Pero alguien más acechaba desde la calle, los movimientos que ocurrían en aquel extraño e inaccesible inmueble. Por dos veces, a los largo de aquella semana, había intentado entrar, disfrazada de testigo de Jehová o de comercial de alguna gran empresa, pero siempre aparecía uno de aquellos desagradables vecinos para impedirle el paso a la misteriosa desconocida, que vio en las idas y venidas de Jota y Dani, la oportunidad para colarse dentro del edificio. 
Aquel sábado por la mañana, acompañados por los padres de Jota, la inseparable Esther y Santiago, el amigo de Daniel. Los dos amigos terminaron por fin de llevar sus cosas al piso. Con la escusa de que estaban allí los padres de Jota, tanto doña Eulalia como doña Maruja, aprovecharon para colarse en el piso a “saludar” y ver así los cambios realizados. Siendo con la madre de Jota, con quien más conversación, entablaron. Luego la buena mujer le confesaría lo extraña que le resultó la charla, más que por el como hablaban, que por lo que decían, ya que las dos mujeres parecían complementarse como si fueran una sola. 


Jotacé