viernes, 24 de abril de 2015

(D. F. 45) LA VERDAD SOBRE ARTURO


 …Aquella fue la primera vez que Arturo la forzó a yacer con ella, Miriam intentó defenderse inútilmente y él la abofeteó, luego le agarró de las manos le arrancó la poca ropa que llevaba puesta y la penetró, cuando estaba apunto de eyacular, sacó su miembro para seguidamente correrse sobre el cuerpo desnudo de su hermana. 
 Así era como terminaba el tercer cuaderno de las memorias de Miriam. Casandra un tanto turbada por lo que acababa de leer cerro la libreta, cogió aire y se dispuso a abrir otra; En ese momento apareció Adrián por el pasillo, sobresaltándola.
 ─ Ey, no me has despertado para que te sustituya en la guardia. Creía que te habías quedado dormida ─ dijo en voz baja.
 ─ Me has asustado ─ contestó Casandra. 
─ No, en realidad estaba absorta con esto.
 ─ Esta bien, descansa un rato, ya sigo yo con la guardia… y déjame algunos de esos diarios, me vendrá bien un poco de lectura.
 Casandra le dejó los cuadernos que se acababa de terminar, llevándose el resto con ella. Después de entrar en el cuarto de baño, ya un poco más limpio de cómo lo habían encontrado al llegar al refugio, se acomodó en la habitación como pudo cerca de la puerta para seguir leyendo los diarios a la tenue luz proveniente del pasillo. 
 El resto de los diarios eran una consecución de abusos y vejaciones de Arturo a su hermana, la cual llego a vivir como un auténtico animal, ni tan siquiera se molestaba en ponerse algo de ropa, para evitar que su hermano se la rompiera como las primeras veces. De tanto en tanto aparecía con un cubo de agua y la obligaba a lavarse y a limpiar la habitación. 
 Casandra fue pasando de una libreta a otra, saltándose los párrafos más terribles y duros hasta que cansada y un tanto horrorizada, decidió ir directamente a la última libreta. A pesar de las precauciones de Arturo, este la volvió a dejar embarazada, como ocurriera otras tantas veces a lo largo de los años en los que inevitablemente termino el acto sin poder evitar contenerse. En cuanto Miriam empezó a sentir los primeros síntomas, como en las otras ocasiones, tomo la determinación de evitar pasar nuevamente por todos aquellos sufrimientos. Un día aprovechando que Arturo dormía fue hasta la inmensa despensa, cogió un bote de pastillas. Según Arturo, servían para curar enfermedades y dolencias, pero si te las tomabas de golpe podías llegar morirte, por esa razón debían ir con cuidado, le llegó a prevenir en más de una ocasión. Miriam se tomo un bote entero, escribió algunos renglones cada vez más torcidos de despedida, describiendo los síntomas de las pastillas.
 “Antes de morir esconderé estos diarios donde mi hermano no pueda encontrarlos, como siempre he hecho. Si alguna vez alguien más tiene la oportunidad de leerlos que sepa quien es en realidad.” 
 Aquella fueron sus últimas palabras. Inevitablemente Casandra empezó a llorar por Miriam y a pesar de ser un llanto ahogado y casi silencioso, despertó a Julia, dormida unos metros más lejos.
 ─ ¿Qué te pasa?
 ─ Toma, lee ─ respondió Casandra con voz ronca, pasándole una de las libretas al azar. 
Julia empezó a leer y durante unos minutos permaneció en silencio, pero al ver la crudeza allí descrita y como era en realidad Arturo, el hombre con el que ella llegó a compartir lecho, sintió unas nauseas terribles, arrojó la libreta al suelo y corrió al cuarto de baño para vomitar de pura repugnancia. Ahora empezaba a entender muchas cosas.

 Jotacé

viernes, 17 de abril de 2015

(D. F. 44) LOS DIARIOS DE MIRIAM


Según decían los diarios de Miriam, poco después de encerrarse en el refugio con Arturo, unos ladrones trataron de entrar; Casandra se preguntó, quien podría querer entrar a robar en un refugio cuando se está terminando el mundo, probablemente mutantes, supervivientes buscando refugio o tal vez… No aquello era demasiado monstruoso. Al principio, en los primeros meses, Arturo fue amable con su hermana.
 ─ Ahora no hay nadie que nos diga que tenemos que hacer hermanita ─ le decía.
 A pesar de la ausencia de sus padres, fueron tiempos relativamente felices. Aunque ella a veces quería leer y estudiar como había hecho hasta aquel entonces, su hermano le criticaba por ello. Siempre dejaban las cosas de cualquier manera, tan solo cuando los restos de comida y la ropa empezaba a estorbar, empezaban a ordenar aquel desaguisado, pero la pereza siempre podía con ellos y terminaban dejando sus labores a medias, total nadie vendría a decirles que hacer o no. Bajo la vivienda había un gimnasio con piscina, donde intentaban mantenerse en forma, a veces se tomaban todo aquello como un juego.
Pasaron los años y Miriam empezó a experimentar cosas que nunca antes había sentido, incomprensibles para ella, como sangrar sin estar herida. Cuando le preguntó asustada a su hermano este le dijo que era la regla y no tenía de que tener miedo, que le pasaba a todas las niñas cuando se convierten en mujeres; su cuerpo cambió y empezó a ver a su hermano de forma diferente, también él la mirarla de otra forma distinta, una vez lo sorprendió en su habitación desnudo y tocándose su miembro erecto, cuando le preguntó que estaba haciendo, este la hecho de allí sin darle más explicaciones; minutos más tarde la buscó para contarle que eran hermanos y por esa razón no podían hacer ciertas cosas que hacen un hombre y una mujer por muchas ganas que tuvieran. Después de aquello trató de coincidir lo menos posible con ella, que se sentía cada vez más sola y desamparada, hasta que una noche mientras dormía, el entró en su habitación.
 ─ Esto en otras circunstancias estaría mal, pero estamos solos y no hay nadie que nos pueda juzgar ─ dijo Arturo susurrándole en el oído.
 ─ ¿Qué quieres decir?
 ─ No te preocupes, no te haré daño. Su hermano empezó a desnudarla acariciándola y besándole por todo el cuerpo. Aquella primera vez le dolió un poco, pero pronto se convirtió en una costumbre de la que ninguno de los dos podía pasar, hasta que un día empezó a sentir nauseas y a rehuir de Arturo, su cuerpo empezó a sentir nuevos cambios, empezó a engordar y su hermano se enfadó con ella.
 ─ ¡Estás embarazada! ¡¿Por qué has tenido que quedar embarazada?! 
─ ¡¿Qué?! ¡No lo sabía y tampoco se como evitarlo!
 Sufrió mucho cuando dio a luz, escuchó los llantos de su hijo y perdió el conocimiento. Cuando despertó, Arturo le dijo que había estado apunto de morir, ella le pregunto por su hijo y él le dijo que había muerto al poco de nacer. Ella lloró, le costaba soportar la pérdida de su hijo y tendía a echar a su hermano cuando venía a verla, de tal modo que solo venía para traerle comida y bebida. Le costó mucho reponerse, pero finalmente se decidió a salir de su habitación. Cuando Arturo le preguntó como estaba, ella permaneció en silencio, cogió algo de comer y volvió a encerrarse en su habitación. Solo salía para ir al gimnasio cuando presentía que su hermano estaba durmiendo. Las pocas veces que coincidían, comprobó que también el comportamiento de su hermano se había vuelto más hosco. Un día mientras ella dormía, Arturo entró en su habitación, trató de echarlo como en otras ocasiones, pero él era más fuerte y la forzó…

 Jotacé.

viernes, 10 de abril de 2015

(D.F.43) UN POCO DE ORDEN







Julia se ocupaba tanto del herido como del prisionero, que atado como estaba se limitaba a echar espumarajos por la boca, insultando e increpando a los que consideraba ladrones e invasores, ni tan siquiera se había dejado vestir para cubrir sus vergüenzas, sino se calmaba, sería un problema para ellos llevarlo de vuelta a la ciudad subterránea, donde los especialistas se ocuparan de su trastorno. 
Casandra, continuó con su exploración de aquel inmenso refugio, recogiendo, ordenando y limpiando aquel desorden dejado por Arturo en los años de soledad, acostumbrado como estaba desde niño a que un criado o una asistenta vinieran a hacerle la limpieza. Por lo que les contó a Julia, antes que todo se desmoronara, sus padres se fueron a recorrer el mundo dejándolos a él y a su hermana al cargo de un tutor. Aquel hombre fue una de las víctimas del gran primer cataclismo que desembocó en aquel mundo de pesadilla y Arturo, junto a su hermana pequeña, corrieron a esconderse allí dentro, tal y como les habían enseñado sus progenitores, esperando a que regresaran a buscarles, cosa que nunca ocurrió. 
Adrián se ocupó de revisar los generadores ya un tanto maltrechos por la falta de revisión y mantenimiento, razón por la cual las luces parpadearan constantemente y el aire estaba un poco enrarecido, en su propio refugio Adrián se convirtió en un experto en ese tipo de menesteres. 
Cuando Casandra entró en el dormitorio donde permanecía el cadáver momificado y empezó a ordenar allí dentro, encontró varias libretas de hojas un poco acartonadas y amarillentas, con el nombre de una mujer Miriam; el tiempo se le pasó rápido leyendo el contenido de las mismas, hasta que apareció Julia, buscándola para la cena. 
─ ¿Qué haces? ─ preguntó la mujer intrigada. 
─ Mira lo que he encontrado. Tal vez esto nos aclare un poco más quienes son Arturo y su hermana. La última libreta databa de unos seis meses atrás. ─ supongo que sí, pero ahora será mejor que bajemos abajo, la cena está lista. 
 Cenaron en la misma estancia donde estaba Cesar acostado, hablaron de las libretas y acordaron hacer guardias durante aquellas horas de descanso, por si surgían problemas con Arturo. Poco más tarde se acomodaron en aquella habitación menos uno de ellos que pasaría la noche junto a la puerta del prisionero. Casandra hizo la primera guardia, llevándose los cuadernos con ella para revisarlos durante aquellas horas que permanecería en vela. El primero de aquellos diarios pertenecían a 20 años atrás y Miriam apenas tenía doce o trece años, cuando se vio obligada a aquel encierro obligatorio con su hermano Arturo de casi diecinueve años. 
 “Nuestro tutor, preocupado por su familia nos ha dejado solos en el refugio, dice que regresará con su familia. Aquí hay sitio para todos o al menos eso es lo que dice él, pero Arturo no está de acuerdo, dice que lo único que quiere es quedarse con la fortuna de nuestra familia, aprovechando la ausencia de nuestros padres.” Casandra se quedó petrificada, el mundo que conocían se estaba desmoronando a su alrededor y aquel monstruo solo pensaba en el dinero. Fascinada por lo que decían los diarios siguió leyendo, saltándose las partes aparecían más repetitivas. 

Jotacé.

viernes, 3 de abril de 2015

(D.F. 42) ATAQUE DE LOCURA


A pesar de estar en territorio presuntamente amigo, para evitar riesgos innecesarios Cesar iba delante de Julia, la cual llamaba a Arturo con la esperanza de que hubiera sobrevivido y llegado al refugio antes que ellos. Detrás de una de las puertas, tuvieron la impresión de oír un ruido; Cesar apartó a la mujer y entró el primero, para encontrarse con un afilado cuchillo de cocina clavado en el costado, la resistencia del traje de supervivencia evitó que la hoja penetrase demasiado, aún así dejó al hombre fuera de combate durante unos minutos. Ante sus ojos, Julia vio a Arturo, aunque no parecía él, iba completamente desnudo y su mirada era la de un loco, con el cuchillo ensangrentado en la mano. La mujer retrocedió gritando aterrorizada ante aquella visión de pesadilla.
 ─ Habéis venido a quitarme mi dinero y mis posesiones, para hacerme trabajar como un esclavo en vuestra ciudad. ¡Pero no lo conseguiréis! 
 Julia trató de salir corriendo, pero Arturo saltó sobre ella haciéndola caer al suelo y ya le iba a asestar una puñalada cuando Cesar se abalanzó sobre él impidiéndoselo; los dos hombres forcejearon en el suelo, pero la herida de Cesar le dejaba en inferioridad de condiciones ante la locura de Arturo, que enseguida se colocó encima de él dispuesto a asestarle una nueva puñalada, Julia logró evitarlo dándole un contundente golpe en la cabeza dejándolo medio atontado durante unos escasos segundo, tambaleante, se levantó de nuevo para contraatacar, cuando llegaron Casandra y Adrián los cuales consiguieron por fin desarmar, reducir e inmovilizar al enloquecido Arturo. 
 ─ ¿No será ese vuestro compañero perdido? ─ preguntó Adrián. 
 ─ Eso me temo ─ contestó Casandra 
─ ¿Estáis bien? 
─ No del todo ─ le respondió Cesar presionándose la herida con la mano. Julia se arrodillo ante él para mirar la puñalada, haciendo que Cesar se quitara tanto la máscara como la parte superior del traje, dejando al descubierto su torso. 
─ ¡Atad bien a Arturo y encerradlo en algún sitio que no estorbe! 
─ Ordenó Julia mientras ella abría una de las mochilas buscando el botiquín de primeros auxilios. 
─ ¡No os saldréis con la vuestra! ¡Yo regresaré a la ciudad con mi fortuna y me adueñaré de todo! ─ dijo Arturo desvariando cada vez más mientras Casandra y Adrián se lo llevaban de allí maniatado. Julia que también se había quitado la máscara curaba la herida de Cesar. 
─ Prométeme que esto no te hará cometer una locura como la de Pablo. No quiero más bajas. 
─ Tranquila mujer, me las he visto con heridas peores que no me han impedido seguir adelante ─ contestó Cesar sonriéndole. 
Cuando regresaron Casandra y Adrián, ayudaron al herido a levantarse para llevarlo a uno de los dormitorios de los que disponía el refugio. 
─ ¿Se sabe algo de la hermana de Arturo o era una invención suya para arrastrarnos asta aquí? ─ preguntó Cesar acomodándose en la cama 
─ Sí la hemos encontrado, pero me temo que llevaba meses, tal vez años muerta ─ dijo Casandra mientras Adrián a su espalda asentía. 
─ Con esa herida, será mejor que nos pongamos cómodos asta que podamos salir. ¿Dónde habéis dejado a Arturo? Esto es inmenso ─ dijo Julia que parecía haber tomado el mando. 
─ Encerrado en una de las muchas habitaciones de este sitio 
─ respondió Adrián. 
─ Entonces habría que poner un poco de orden este sitio mientras se recupera el vejestorio ─ ironizó Casandra sonriendo a su padrastro. 
─ Muy graciosa ─ contestó Cesar devolviéndole la sonrisa. 

Jotacé.